48ª Feira do Cocido · Aldea singular y pregón

Lalín tiñe de aldeanía un plato que aspira a la internacionalidad

Miles de personas participan en una fiesta "recuperada para el pueblo" - Feijóo reclama el "reconocimiento oficial internacional que merece" y glosa las "ventajas" de la aldea - Jabois reivindica la "nueva concepción revolucionaria" de la cita gastronómica

01.02.2016 | 03:45

Lalín vivió ayer una edición muy especial de la Feira do Cocido, con marcadas diferencias respecto a los años anteriores. La exaltación de lo rural mediante el Premio Aldea Singular copó los actos matinales que antaño correspondían a la ceremoniosa Encomenda do Cocido. Así que, a punto de cumplir medio siglo, la Feira do Cocido miró a sus orígenes y regresó a la aldea para proyectarse hacia la ansiada declaración de fiesta de interés turístico internacional. Hasta la reivindicó el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en su discurso oficial.

Miles de personas -50.000, según la Policía Local- se acercaron ayer al municipio dezano para disfrutar de una cita gastronómica que el alcalde, Rafael Cuiña, busca "recuperar para el pueblo", según sus propias palabras: "Recuperamos una fiesta del pueblo y para el pueblo, para disfrute de los miles de visitantes que llenan nuestras calles y que saben que nuestra gastronomía, nuestra cultura, nuestro excelente comercio, nuestra competitiva industria y, sobre todo, nuestras gentes, son referente de calidad y esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos", destacó.

El regidor copresidió, junto "al primero de los gallegos" -como denominó al presidente de la Xunta-, la entrega del I Premio Aldea Singular a la parroquia de Soutolongo. El acto fue conducido por Gúmer Portas, locutor de Radio Lalín, y presentado por el polifacético creador Celso Fernández Sanmartín, que no dio un discurso, sino un "parzamique", expresión que oyó un vez a una señora en Arzúa y que se forma de la contracción de "paréceme a min que". Y comenzó, como no podía ser de otra manera, con un recuerdo al autor que visibilizó y dignificó como nadie la Galicia rural: "Eu son Balbino, un rapaz de aldea, coma quen dis, un ninguén, porque da aldea tamén é Manolito, pero a ese non hai quen lle tusa". Así resume la identidad propia el recientemente finado y pregonero in pectore Xosé Neira Vilas en su Memorias dun neno labrego, obra literaria con calle en Lalín. "Porque Galicia somos aldeas y las aldeas vuelven a estar en la encrucijada", evidenció Sanmartín con cifras: 1.614 abandonadas y más de otras tantas (1.960) a punto de estarlo. "Necesitamos comprender que pasó y que pasa para deducir que puede pasar y para actuar", señaló el presentador, que abogó por "pensar en común" para buscar soluciones. Reivindicó las fuentes primarias -agricultura, ganadería y forestal- como claves para su puesta en valor, "porque las fuentes de energía generadas en el rural ya sabemos que no son nuestras. Su supervivencia sin estas fuentes significaría convertirlas en un rural-dormitorio o en un rural-casa-rural". El poeta y contador de historias lalinense apeló al "comunitarismo" en un mundo marcado por un "minifundismo" surgido, a su vez, del "ansia de no ser esclavos".

En nombre de sus vecinos de Soutolongo, Rita Neira fue la encargada de recoger el diploma acreditativo de un galardón dotado con 15.000 euros para acometer obras de recuperación del patrimonio histórico y natural de la parroquia, como plazas, fuentes o un túmulo. Dedicó el premio a "los antepasados que construyeron su identidad y al trabajo diario" de su comunidad. Reconoció el mérito de las otras aldeas a concurso (Doade, Xaxán, A Xesta y O Corpiño) y subrayó que el mérito está en "conseguir que Soutolongo sea de verdad una aldea singular por como somos: Buena gente".

Rafael Cuiña se refirió a Lalín como "corazón" de Galicia y tuvo un "agradecimiento especial" para su predecesor, José Crespo Iglesias, "a quien el Cocido tanto le debe". Para el edil y senador pediría horas más tarde, en la comida oficial, un "aplauso especial" en reconocimiento a "su trabajo de muchos años" en favor del evento gastronómico. Cuiña arremetió contra los causantes de la crisis y se compadeció de quienes "la pagan". Por último, se declaró "orgulloso" de Soutolongo y de sus vecinos, "que demuestran su amor por una Galicia rural que siempre será a nosa nai e señora", expresión con la que, en homenaje a su padre, Xosé Cuiña, suele concluir sus discursos.

El presidente de la Xunta -que obvió a Carmela Silva, presidenta de la Diputación, en su saludo a las autoridades- manifestó su deseo de que este referente imprescindible del calendario gastronómico gallego obtenga "el reconocimiento oficial internacional que se merece, porque oficiosamente ya se lo han dado muchos visitantes llegados desde los lugares más diversos". "Los gallegos no nos reunimos para comer el cocido, sino que lo comemos para reunirnos", apuntó Feijóo, que reivindicó las tradiciones como "respuesta del pueblo a una necesidad que conviene respetar y mejorar". En esta línea, subrayó que "Galicia, por suerte, sigue siendo un país aldeano, pero que nadie piense que esto es una desventaja"; al contrario, "en un mundo intercomunicado es imprescindible un valor esencial que se aprende en estas patrias pequeñas, el sentido de comunidad -proclamó Feijóo-. Privado de él, la aldea global o local muere". "La patria del hombre es la infancia y la de la mayoría de los gallegos está unida a una aldea", clamó el mandatario gallego, que también tuvo un recuerdo para Neira Vilas. Concluyó haciendo suyas las palabras pronunciadas por el pintor Laxeiro hace cuatro décadas, con las que justificó la brevedad de su alocución: "Sería trágico que al llegar [ustedes a comer], el cocido se endureciese, de tal manera que no le pudiesen hincar el diente". "Ya tiene problemas suficientes el presidente de la Xunta como para sumar a ellos tal irresponsabilidad", proclamó Feijóo antes de desear a todos buen provecho con el "tótem comestible" que es el marrano y de brindar su apoyo a esta celebración, "mientras ostente este cargo, y después también".

Durante el acto llamó la atención la presencia de un vecino de Lalín ataviado con la capa de la suprimida Encomenda do Cocido. Los himnos de Lalín y Galicia, interpretados por las gaitas de Carballo da Manteiga, cerraron la entrega del premio en el hall consistorial.

A continuación, las autoridades visitaron la carpa que albergó cuarenta expositores de gastronomía y artesanía durante el fin de semana. El titular de la Xunta fue el más solicitado por la concurrencia: "¡Viva Feijóo!", le espetaron unas mujeres nada más llegar a la carpa. "Señor Feijóo, un besiño" o "presidente, pruebe esto, que es marisco de cortello" fueron otras de las frases que escuchó. Hasta un niño, Brais, dejó a un lado su vergüenza para retratarse con el presidente. "El abuelo loquea con Feijóo", justificó su acompañante. Los expositores le ofrecieron joyas exclusivas, en caso de que tuviese que hacer algún regalo, y lo invitaron a chorizo, a pastel de lacón con grelos y a distintas bebidas.

El pregón

El periodista gallego Manuel Jabois -afincado en Madrid y originario de Sanxenxo- hizo suya la "nueva concepción revolucionaria de la Feira do Cocido" que le desveló Rafael Cuiña cuando contrató sus servicios como pregonero. En un preámbulo demasiado extenso para explicar estos contactos, el columnista de El País fue ácidamente crítico con las anteriores ediciones de la fiesta: "Alcalde, eso es un pastón", habrían sido sus palabras al serle ofrecido el pregón. "Se acabaron los grandes dispendios -le habría respondido Cuiña-, van a ser cerdos normales, de la gente". "Dime que no aboliste la capa", le habría replicado un Jabois "a punto de llorar". A modo de justificación de su retórica inicial, el periodista contó que "las cosas del cocido exigen una liturgia" y él lo tiene claro, no en vano pasó sus tres primeros años en Lalín, en donde vio la nieve por primera vez. Con todo, el primer cocido que recuerda no es el de Lalín, sino el de su abuela, que sigue viva pese a que cada Nochebuena decía que iba a ser la última; no así "los domingos de cocido", pues "tenía la boca demasiado llena como para reparar en la muerte". A su juicio, el cocido es "algo más que una comida". "Las comidas, cuando tienen vocación universal, adquieren una categoría distinta con el paso del tiempo: Pasan a ser excusas", aseveró. Y el cocido "es la gran excusa" para todo, destacó el periodista de El País, y, "si es de Lalín, es bueno", garantizó, antes de invitar a los presentes a gozar de la fiesta.

La intervención de Jabois dio paso a uno de los grandes atractivos del evento gastronómico y de los que más gente congrega en cada edición. El actor lalinense Fran Lareu ofició como maestro de ceremonias tras años de relatorio a cargo de Xacobe Pérez. Fue el único que tuvo derecho a palco, pues las autoridades bajaron a la calle y siguieron el desfile como cualquier hijo de vecino.

La tradicional comida oficial, a la que acudían invitadas numerosas autoridades, ha dado paso a un cocido solidario en el hotel Torre do Deza. Allí se reunieron cerca de 250 personas, entre las que se encontraban el conselleiro de Cultura, el lalinense Román Rodríguez; la presidenta de la Diputación, Carmela Silva; distintos alcaldes, como los de las mareas de Santiago y A Coruña, Martiño Noriega y Xulio Ferreiro; o los ediles del cuatripartito lalinense y el exalcalde José Crespo. La recaudación fue para Aranes (Asociación de Rapaces e Amigos de Nenos con Necesidades Especiais), cuyos directivos Pablo Carrón y María Quinteiro agradecieron la aportación, que contribuirá a financiar fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales para mejorar la calidad de vida de niños de entre 6 y 18 años "que no tienen sitios en donde puedan trabajar con ellos". El donativo consistía en 5 de los 38 euros que costaba la comida, más un 20% de la barra y una fila cero en Abanca. Cuiña entregó una serigrafía de Laxeiro y el emblemático Testiño a Jabois, a quien pidió que, desde Madrid, siguiese defendiendo la identidad de Galicia.

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