El negocio en torno a la muerte no entiende de crisis

- El coste medio de los servicios de un entierro en las comarcas se coloca entre los 2.000 y los 3.000 euros - Las familias optan por velar en tanatorios, y solo un 10% de los casos de las capillas se organizan en casas

01.11.2015 | 20:20
Cajas apiladas en el almacén de la funeraria lalinense Delfín Taboada. // Bernabé/Gutier

En las jornadas de hoy y mañana los camposantos se convierten en un trasiego continuo de ramos de flores, oraciones y recuerdos por los que ya no están. El Día de Todos los Santos y el de Fieles Difuntos -conmemoraciones cristianas copiadas de tradiciones romanas- sirven también para reflexionar en torno al aspecto económico que rodea la muerte. Floristerías, empresas de pompas fúnebres, pastelerías y hasta gestores de cementerios viven directamente de este sector.

En Lalín, un entierro puede tener un coste de unos 3.000 euros, según calcula Delfín Taboada, de Funeraria Jesús Taboada e Hijos. La tarifa incluye todos los servicios, incluido el traslado desde el hospital, "donde fallece el 80% de nuestros clientes". El gasto más elevado de un entierro no es el ataúd, sino la esquela, para la que en los últimos tiempos en el casco urbano de Lalín se dispusieron 27 tablones específicos, aunque siguen viéndose en otros lugares inapropiados. Los ataúdes pueden oscilar entre los 900 y los 2.000 euros, aunque los de calidad muy alta pueden alcanzar los 6.000. Taboada alerta de que la situación en Lalín es diferente a la de las ciudades, donde se opta por un ataúd de calidad inferior -normalmente de factura china- ya que el entierro es diferente a los de las zonas rurales: aquí hay una conducción del cadáver a hombros.

Pero la tradición va cambiando poco a poco: sólo el 10% de los difuntos se vela en su propio domicilio. "Ahora es más complica hacer velatorios en casa, ya que se busca la comodidad de la familia" y para evitar el trasiego de desconocidos por la vivienda. Delfín Taboada apunta, en este sentido, que los tanatorios de Lalín "son casi la mitad de baratos que en Silleda", donde hasta hace poco solo había una sala mortuoria. Aumenta, también, el número de vecinos que opta por la incineración, más que nada por carecer de panteón "y porque en algunos casos, como en Lalín, los 24 que deberían estar libres para casos de emergencia siguen ocupados". Las incineradoras más próximas están en Santiago y Pontevedra.

En cuanto al cliente que suscribe una póliza de decesos, "suele ser una persona de mediana edad, que va pagando una cuota mensual". Taboada señala que, a día de hoy, un entierro normal "no resulta desorbitado", pese a que las funerarias acaban de pasar de tener que pagar el 8% de IVA al 21.

Desde la funeraria San Pelayo de A Estrada, José Luis Castro explica que el servicio intenta ajustarse a las necesidades y peticiones de cada familia. Teniendo en cuenta el momento delicado que atraviesan las personas que acaban de perder a un ser querido, el personal de la empresa está a su disposición para orientarles. Habitualmente, el paquete de servicios funerarios implica la adquisición de un ataúd, el trabajo funerario, la emisión de esquelas, recordatorios, conducción del cadáver, el cierre del panteón, los servicios eclesiásticos y las flores. A mayores, algunos usuarios solicitan la colocación de esquelas en varios medios de comunicación, tanto de prensa escrita como radiofónicos. Pueden solicitar asimismo la puesta a disposición de autobuses para facilitar la asistencia de conocidos al sepelio.

La firma, una de las de mayor volumen de trabajo de A Estrada, gestiona también el traslado de la persona fallecida, tanto en el territorio nacional como internacionalmente. Propietaria del tanatorio ubicado a la salida de A Estrada, la empresa también ofrece la posibilidad de realizar incineraciones, aunque no posee crematorio. José Luis Castro explica que cada vez un mayor número de familias de A Estrada apuesta por solicitar la incineración, calculando que en estos momentos este tipo de servicios se sitúe en el 15% de los clientes a los que atienden.

Castro explica también que el número de capillas ardientes que se instalan en domicilios es en estos momentos casi residual, velándose el 98% de los fallecidos en el tanatorio. Indica que, generalmente, los casos en los que la capilla se prepara en una casa se vinculan al expreso deseo de la persona fallecida.

En cuanto a los costes de un entierro, este empresario explica que el precio varía en función de las preferencias de la familia. Asegura que puede celebrarse un entierro por poco más de 1.000 euros, "hasta lo que se quiera". La tarifa más económica se vincularía a la compra de un ataúd -apunta que los hay por algo menos de 600 euros-, los servicios funerarios y eclesiásticos y un centro de flores. En todo caso, explica que un entierro medio cuesta algo más de 2.000 euros.

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