Ramón Peña - Voluntario de la Residencia Nosa Señora das Dores de Lalín

´Gracias a una multa de tráfico tengo las puertas abiertas de la residencia´

"Me gusta trabajar con mayores porque tuve una abuela querida que murió hace tres años"

26.05.2013 | 04:12
Ramón Peña (dcha.) junto a algunos de los residentes de Nosa Señora das Dores. // Bernabé/Javier Lalín
Ramón Peña (dcha.) junto a algunos de los residentes de Nosa Señora das Dores. // Bernabé/Javier Lalín

Los usuarios de la Residencia Nosa Señora das Dores de Lalín están encantados con la labor que lleva a acabo desde hace varias semanas como voluntario. El pasado mes de diciembre se quedó sin trabajo en una granja de Froxán pero una infracción de tráfico hizo que el dominicano Ramón Peña recalara en la residencia hace más de mes y medio para realizar trabajos para la comunidad en lugar de abonar la multa económica impuesta gracias a un convenio entre el Ministerio del Interior y entidades como el centro de Lalín. Ahora, le gusta tanto su trabajo que no oculta su deseo de continuar trabajando con los mayores del geriátrico lalinense.

-¿Qué fue lo que le sucedió para tener que realizar los trabajos en la residencia?

-Me paró la Guardia Civil de Tráfico cuando venía de celebrar el cumpleaños de mi novia en un restaurante de Lalín. Me pillaron debajo de casa, me hicieron soplar y di una tasa superior a la permitida. Me retiraron el carné de conducir durante ocho meses, que me lo dan ahora en agosto, y o servicios sociales o una multa. Preferí los servicios sociales y gracias a esa multa de tráfico me vine aquí. Gracias a esa multa tengo las puertas abiertas aquí, donde la gente me quiere mucho y yo también a ellos. En casa no hago nada y, entonces, hablé con la directora de la residencia para ver si me podía quedar y no me agobiaba en casa.

-¿Por qué eligió esta residencia y no en otro lugar para los trabajos para la comunidad?

-Porque quería introducirme en este tipo de trabajo. Me gusta trabajar con los ancianos porque tuve una abuela que me murió que fue muy querida por mi y hace tres años que murió. Ahora me conocen todos los residentes y, la verdad, me siento muy a gusto trabajando con ellos.

-¿En qué consiste su tarea en Nosa Señora das Dores?

-Ayudo a las chicas a subir a los ancianos al comedor, les acompaño durante sus paseos para que anden un poco, ayudar a aquellos que tienen dificultades para comer y, también, cuando hay que cambiarlos de la cama, sobre todo a los más pesados. Incluso les ayudo a llevarlos a Santiago cuando se trata de grupos de más de dos acompaño al encargado que los traslada hasta allí, y cosas que hay que hacer por aquí. Llego a las nueve de la mañana y marcho a la una y media, más o menos. Después de me voy para mi casa, donde vivo con mi madre y una sobrina.

-¿Recibe algún tipo de emolumento por el trabajo que lleva a cabo en la residencia?

-La multa que me impusieron la pagué hace casi dos meses, y ahora no cobro porque mi trabajo es el de un voluntario. Yo me quedé aquí porque, primero, me levanto temprano, hago algo porque en casa no tengo nada que hacer y por lo menos aquí se te pasa el día volando. Me gustaría quedarme aquí como trabajador de la residencia porque sería un auténtico regalo de Dios. De hecho, ahora necesito trabajo porque mi madre anda un poco fastidiada de las rodillas con motivo de una caída que sufrió hace tiempo. Sólo tiene 48 años pero no puede hacer nada por ese problema de rodilla, cobra una ayuda por mi sobrina y a mi se me acabó el paro este mes.

-Por lo que he podido recabar en el centro todos están muy contentos con usted. ¿Qué opinión le merece eso?

-Yo aquí me muestro tal y como soy. Por eso quiero que mi madre se quede tranquila hasta que pueda hacer un tratamiento en Santiago que necesita. Una vez que yo ya esté trabajando las cosas son más fáciles y podría conseguírselo. No sé si hay posibilidades de poder quedarme en la residencia porque es algo que tengo que hablar todavía con la directora para ver si pudiera quedarme aquí durante un tiempo. Como digo, para mi sería una bendición seguir ayudando aquí a los ancianos, que son como niños pequeños para mi.

-¿Qué le aporta su trabajo como voluntario en la Residencia Nosa Señora das Dores?

-Me aporta, sobre todo, ternura y cosas parecidas. Yo sufrí mucho cuando murió mi abuela y, ahora, cuando aquí se muere algún residente yo lo paso realmente mal. En el tiempo que llevo aquí han muerto tres y con los tres tuve trato. Ayer mismo murió una señora que se llamaba Dolores con la que hablaba mucho y son cosas que te afectan pero a las que tienes que acostumbrarte si trabajas en algo como esto.

-De todo lo que hace durante el día, ¿qué es lo que más le gusta?

-Son tantas cosas que hago aquí que todo me gusta. Yo ayudo a todas las chicas que me lo piden siempre que hace falta. Hace poco querían contratar una empresa para pintar una parte de la residencia y yo les dije que se lo hacía de buena gana. Pintamos casi todo y sólo me falta la cocina.

-¿Qué piensa su familia de su labor de voluntario?

-Mi madre está contenta porque sabe que a mi me gusta estar haciendo algo y el compromiso diario de tener que venir hasta aquí a trabajar. Hace poco vi al guardia que me paró en Carragoso cuando me multaron y le di las gracias por la sanción que me impusieron por poder acabar en la residencia.

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