SALOMÉ SOUTELO - LALÍN
A pesar de que los datos de Meteogalicia invitar a pensarlo, este mes de febrero no ha comenzado siendo el más frío de la historia reciente de Deza. Es cierto que las mínimas se han movido entre los 4 y los 9 grados bajo cero, más que nada porque el aire seco y la falta de humedad impidieron que nevase y que, con ello, subiesen un poco las temperaturas. Pero los datos de la estación meteorológica de Mouriscade demuestran que, no hace mucho, Lalín se convirtió en una pequeña Siberia: En el amanecer del 2 de marzo de 2005, los termómetros marcaban 9,71 grados bajo cero, en una jornada en que las máximas no irían más allá de los 7.
Peor fue hace más de medio siglo. Los vecinos más veteranos recuerdan aquel invierno gélido de 1939, recién acabada la Guerra Civil y al que seguirían otros dos idénticos (el de 1941, famoso por la sangrienta batalla de Stalingrado entre la Unión Soviética y Alemania). Existen más datos, no obstante, de febrero de 1956, hace justo 56 años. El entonces Servicio Meteorológico Nacional (que posteriormente sería el Instituto Nacional de Meteorología y, ahora, la Agencia Estatal de Meteorología) emitía semanalmente el programa Radiometeo, en el que se analizaba, de forma muy extendida, todos los incidentes del tiempo. Pues bien, justo el 4 de febrero se daba cuenta de una ola de frío ártico que en zonas del Pirineo catalán aniquiló, prácticamente, cualquier récord anterior, al marcar 30 grados bajo cero. En Madrid y otros puntos de España, entre los que figuraba la comarca dezana, la temperatura era más ´asumible?, 10 grados negativos.
Una semana después, otra oleada de frío siberiano congelaba caudales de agua, hacía intransitables todas las vías de comunicación y causaba tres víctimas mortales en la Península: uno de ellos era una mujer, muerta por el frío en el mercado de Pontevedra. Los otros dos, un anciano, congelado en Villacañas (Toledo) y un hombre, que había caído al río en Lebeñas (Santander). En total, se calcula que en ese año murieron a causa del frío 660 personas en todo el continente europeo.
Pazo de Liñares
En este particular viaje en el tiempo a través del frío siberiano, en el anuario Descubrindo Deza correspondiente al año 2004 Francisco Rubia Alejos recoge las cartas de los criados del Pazo de Liñares, de comienzos del siglo pasado, en su relatorio El palacio señorial de Liñares en las últimas centurias. La pareja de Manuel González y Manuel Fernández escriben a los dueños, la familia Taboada (residente en Madrid) que las nevadas habían sido tan fuertes que rompieron, con su peso, los árboles. Las rachas de viento, además, levantaban buena parte de las tejas del inmueble.