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HEMEROTECA » |
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ÁNGEL GRAÑA - SILLEDA Silleda fue ayer escenario de un encuentro organizado por la Diócesis de Lugo con motivo del inicio, el pasado domingo, el año litúrgico. El salón parroquial de la Casa Rectoral de Trasdeza albergó por la mañana una sesión presidida por el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, en la que el protagonismo fue para el catedrático de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid Ignacio Carbajosa Pérez. Bajo el título genérico de “Pecado, promesa y cumplimiento en la predicación profética”, el joven sacerdote cartagenero disertó sobre la necesidad actual de la llegada de Jesucristo para los cristianos que forman parte de la comunidad católica.
–¿Cuál es el mensaje principal de una conferencia que tiene como leit motiv al pecado según el concepto cristiano?
–Adviento es un tiempo del Antiguo Testamento en el que ya estamos que significa la espera de la llegada del Mesías. Los profetas explicaron como Israel es pecador en muchas vertientes y, también, muy testarudo, y como les explicaron que iba a suceder algo nuevo sin que les hicieran caso alguno. Mi idea es, a través de ese ejemplo, intentar hacer ver a los cristianos la necesidad que tenemos, todavía hoy en este mundo tan convulso, de la llegada de Jesucristo.
–¿Con el paso de los siglos permanecen los mismos pecados, o han surgido nuevos propios del tiempo en que vivimos?
–El hombre es el mismo desde hace casi 2.000 años, ha cambiado muy poco (risas). La incapacidad del ser humano de amar correctamente al prójimo es, posiblemente, uno de los pecados más extendidos durante toda la historia de la humanidad. Sin embargo, tengo que decir que violencia de género y corrupción, dos asuntos de rabiosa y triste actualidad, son dos pecados de toda la vida. No saber amar bien a la mujer explica que se produzcan episodios execrables donde, algunas veces, se acaba con la vida de la pareja en un acto inconcebible para un cristiano.
–Lo que pasa es que ahora todos esos casos salen a la luz, y antes permanecían ocultos en ocasiones con la aprobación eclesiástica.
–El hombre muchas veces no se da cuenta de que no está hecho para la mujer de la que se ha enamorada, y eso explica muchos de los problemas posteriores. Si me enamoro de fulanita, y no entiendo que no esta hecha para mí y no me va a ofrecer lo que necesito, es mejor abandonar la idea de convertirla en mi esposa porque ninguno de los dos va a ser feliz con esa relación. Se trata de un asunto muy complejo y, desde luego, de difícil solución, sin duda.
–¿Es partidario de que la Iglesia exprese su opinión política en los temas que atañen a la sociedad civil?
–Es que la Iglesia, como tal, no toma partido en política, pero le interesa todo, como es lógico y natural. La comunidad cristiana está formada por muchas almas, y todas están llamadas a interesarse por la vida política. Desde ese punto de vista, nadie le puede achacar a la Iglesia ningún posicionamiento concreto más allá del que adopten sus miembros en determinadas cuestiones específicas manifestando su propia opinión personal.
–¿Qué le parece ver el auditorio silledense tan lleno para acudir a su conferencia?
–Creo que el mérito no es sólo mío (risas). La presencia de un hombre como monseñor Alfonso Carrasco es lo suficientemente atractiva como para que nadie se quiera perder la cita de hoy en Silleda. Intentaré estar a la altura de las circunstancias, que no es poco (risas).
–El encuentro diocesano de Silleda se celebra con motivo de la llegada del tiempo de adviento, una fecha muy significativa del año litúrgico cristiano. ¿Dónde radica su importancia en un mundo tan globalizado como el actual?
–Los grandes testigos del adviento son tres: El profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Isaías anuncia cómo será el Mesías que vendrá. Sacude la conciencia del pueblo para crear en él actitud de espera. Exige pureza de corazón. Juan el Bautista señala quién es el Mesías, que ya ha venido. Él mismo es modelo de austeridad y de ardiente espera. Y María es la figura clave del adviento. En ella culmina la espera de Israel. Es la más fiel acogedora de la palabra hecha carne. La recibe en su seno y en su corazón. Ella le prestó su vida y su sangre. María es Jesús comenzado. Ella hizo posible la primera navidad y es modelo y cauce para todas las venidas de Dios a los hombres. María, por su fidelidad, es tipo y madre de la Iglesia. Por eso, hoy (por ayer) terminaremos la jornada visitando el santuario del Corpiño para celebrar un acto mariano.
–El pecado es la transgresión voluntaria de un precepto tenido por bueno, pero ¿cómo se alerta contra un concepto así en una sociedad cada vez más hedonista y materialista?
–Desde luego, no es sencillo. En la tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la Biblia, se ha entendido el pecado, en términos generales, como el alejamiento del hombre de la voluntad de Dios, y de acuerdo con el Nuevo Testamento, la naturaleza pecaminosa del hombre no se puede superar con el esfuerzo de seguir la Ley de Dios, por lo tanto, sólo mediante la fe en Jesucristo, y un renacer espiritual, puede vencerse esta naturaleza, y por ende, dejar de pecar. En los tiempos que corren el mensaje de Cristo es uno de los pocos que pueden calar de verdad para combatir ese hedonismo y ese materialismo del que me hablas.
–Lo que pasa es que tampoco debe ser nada fácil hacerle entender a la juventud actual, por ejemplo, que sólo Jesucristo pueda ser el clavo ardiendo al que agarrarse.
–No hay que ser tan catastrofista (risas). Se trata de explicar el mensaje de amor que Jesucristo nos ha legado para que todo el mundo sepa que su ejemplo es uno de los más hermosos que existen desde todos los puntos de vista posibles.
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