LAURA MARTÍNEZ - AGOLADA
Las mejoras de las condiciones de vida de los animales y la recuperación de técnicas tradicionales aplicadas a grandes explotaciones son valores cada vez más en auge y que han contribuido a que proliferen en los últimos años, en concreto en el sector avícola, las granjas de gallinas camperas en Galicia, un modelo de producción de huevos a medio camino entre el huevo ecológico y las granjas en las que las gallinas se encuentran en jaulas. A pocos metros del Pazo de Baíña, situado en el lugar de O Castro (Agolada), los carteles que prohíben la entrada a una propiedad privada por motivos sanitarios, auguran sutilmente lo que aguarda al otro lado del portalón: unas 15 hectáreas de terreno en las que viven cerca de 45.000 gallinas camperas divididas en dos granjas. De estas dos naves salen diariamente unos 40.000 huevos, que la empresa Coren se encarga de recoger, envasar, etiquetar y distribuir. José Luis Vila Coego, uno de los dueños, nos muestra a sus aves, pero toda visita a este corral debe realizarse con la indumentaria adecuada y tras pasar los controles sanitarios precisos, garantizando además que las personas no estén en contacto con otro tipo de aves, como asegura Francisco Barrio Feijóo, el veterinario encargado de visitar esta granja. La idea de Vila se materializó hace ahora casi un año, cuando esta explotación comenzó a funcionar y, como él mismo explica, todo surgió "en un viaje a Alemania, del que vimos la granja que serviría como modelo para la nuestra". Junto a su socio, uno de los mayores productores de leche de Galicia, Abel Vila Souto, también vecino de Lalín, se embarcaron en este mundo hace ya tres años.
En noviembre, las primeras gallinas de esta explotación partirán después de un año de vida en Baíña, su estancia máxima. En la segunda nave, en cambio, hace sólo tres meses que sus moradoras llegaron a ella. Cada día, estas aves viven en el interior de la nave, dividida en tres estancias. Estas tienen una primera zona conocida como prepatio, desde la cual acceden al exterior. Seguida de ésta se encuentra la zona de puesta, donde pequeños compartimentos individuales y oscuros, acondicionados con una alfombrilla, que se recogerá a partir de las seis de la tarde, evitan de esta forma que las gallinas se aniden en ellos. Una cinta transporta, desde los nidos hasta el exterior del recinto de las gallinas, los huevos, donde operarios los recogen durante cuatro o cinco horas. Por último, la zona donde se encuentran suspendidos los comederos y bebederos. Estas aves llegaron con cuatro meses de vida desde Ourense, donde se sitúa una de las granjas de cría, y terminarán sus días como pienso de animales carnívoros. Tras su marcha, la nave sufrirá un proceso de desinfección y tratado para de nuevo comenzar el ciclo de la vida y acoger a una nueva remesa de gallinas camperas.