SEHILA RODRÍGUEZ - SILLEDA
El cuerpo de la Guardia Civil de Tráfico, creado hace 50 años, comenzó su actividad en la comarca dezana sólo tres años después –en septiembre de 1962–, con seis guardias y un cabo. Uno de esos agentes fue Ángel F. Enríquez que se mantuvo en activo durante 35 años.
Su interés por esta profesión es fruto de la herencia de su padre, guardia civil de la época. Esta meta personal estaba incentivada por la juventud y las ansias de descubrir un ámbito todavía desconocido como era este departamento de tráfico. Las penurias de la época se evidenciaban en el día a día, ya que para ejercer su labor debían permanecer horas a la intemperie en lugares que en muchas ocasiones carecían de visibilidad. Sus acciones se centraban en servicios humanitarios, pues el espíritu de la agrupación siempre ha sido socorrer, advertir y, en último caso, denunciar. Las deficientes infraestructuras de la época se manifestaban a la hora de socorrer a los heridos que para desplazarlos hasta el centro hospitalario más próximo se solicitaba al primer vehículo que transitara por la zona usarlo para transportar al accidentado con el consentimiento del conductor. En su trayectoria profesional, Ángel F. Enríquez tuvo que enfrentarse a situaciones tan duras como informar a familiares de accidentados la muerte de su ser querido.
Entre los principales cambios que revolucionaron la sociedad se encontraba la llegada de las mujeres al mundo de la conducción. En cuanto a los conductores, en ocasiones se mostraban reacios a las advertencias de los agentes en cuanto al buen estado de los vehículos, pues afirmar que una rueda gastada podría conllevar un accidente para algunos no representaba una labor de los agentes. Horas a la intemperie o motocicletas sin parabrisas, obligando a colocar periódicos como barrera, eran algunas de las penalidades vividas en los inicios de este departamento. La falta de comunicaciones obligaba a portar en las motos las máquinas de escribir con papel de calco para los atestados, siendo precisa la ayuda ciudadana cuando la lluvia realizaba su aparición. Más doloroso resultaba esperar por el único juez de la zona para el levantamiento de un cadáver. Sin embargo, su trayectoria a lo largo del tiempo y la evolución tanto del sistema como la sociedad permiten que este guardia de tráfico recuerde los años que dedicó al servicio de la sociedad, intentando inculcar este espíritu a su familia, pues su hijo continúa los pasos de su progenitor dentro de la Guardia Civil.