LAURA MARTÍNEZ - RODEIRO
La capilla de Nosa Señora do Faro, del siglo XVII, congregó en la jornada de ayer a más de 5.000 devotos de esta santa, según los efectivos de Guardia Civil, que se trasladaron hasta allí. La ermita situada en la cima del monte Faro, a unos 1.187 metros de altitud, celebra cada 8 de septiembre esta festividad, donde se entremezclan las ceremonias religiosas, el alborozo colectivo y la diversión popular.
Desde las diez de la mañana y durante todo el día los fieles se acercaron a este santuario. Los turismos aparcados en los márgenes de las carreteras que llevan hasta la capilla arrojan, desde dos quilómetros antes de la cima, una aproximación de los devotos que llegan hasta el Faro. La explanada próxima a la ermita, que sirve como aparcamiento, abarrotada por más de 300 coches y con un ir y venir continuo de vehículos ofrece una imagen más fiel. Durante toda la mañana los rezos de las misas oficiadas por los sacerdotes llegados de municipios cercanos, como es el caso de José, párroco de Cea, o su hermano Rogelio, cura también en Ourense, resonan en el monte. La aglomeración de fieles provoca que la misa se traslade al exterior, sin embargo, la capilla celebró igualmente estos oficios, y los beatos se acercaron después de recorrer el mismo camino de la Virgen para subir al monte, hasta la ermita.
Así lo hizo Virginia, vecina de Chantada, quien, después de subir arrodillada los más de 600 metros del camino, apoyada por su marido y su hijo, se acerca a la imagen de la madre de Jesucristo y le presenta su ofrenda. José, en cambio, sube por tercer año la cuesta arrodillado, acompañado de su mujer y apoyado en su bastón. Viene desde Santiago, y tal y como explica, "es una promesa familiar lo que me atrae a este santuario, que ya conocía siendo niño". Después de su particular peregrinaje, los puestos de fruta, donde predominan las uvas, reinas de esta época, sirven para que estos fieles recuperen fuerzas.
La misa solemne, que se celebró a las 13 horas y en la cual la santa salió en procesión y que contó con el acompañamiento musical de la Banda Municipal de Chantada, que se desplazó como cada año hasta el Faro, marcó el final de la mañana y la hora de la comida campestres. Las carpas instaladas en las proximidades ofrecieron pulpo, carne ao caldeiro y churrasco a los asistentes, aunque algunos de ellos optaron también por traer su propia comida de casa. La romería se prolongó, acompañadas por la Banda de Chantada que puso la nota musical, durante toda la tarde.
Por cuarto año consecutivo, el buen tiempo animó a acercarse hasta el monte Faro y aunque, según advertían los propios sacerdotes en las misas, son frecuentes los hurtos de monederos, los efectivos de la Guardia Civil aseguraron que durante la mañana no se habían producido denuncias. La Virxe do Faro recibirá, además, a sus fieles en la ermita del monte que limita tres provincias, durante las misas que se oficiarán los domingos de septiembre y octubre, a las 18 horas. Luego regresará a la iglesia de Requeixo (Chantada), donde permanece el resto del año.