ADRIANA VALIÑO - LALÍN
El verano está tocando a su fin y, por lo tanto, las fiestas estivales se van acabando poco a poco. Para muchos, estos dos meses son sinónimo de celebración sin fin, ya que es un momento de buen tiempo y vacaciones. Este año, la climatología no ha sido la mejor, pero los festejos no han faltado a pesar del mal tiempo y de la lluvia. La llegada del final del mes de agosto provoca que los habituales a estos eventos apuren al máximo los lugares con música y celebración para despedir hasta el año próximo las memorables citas veraniegas.
Si bien es cierto no todas las fiestas han llegado a su fin. El Monte de San Sebastián acogió en la jornada de ayer a centenares de romeros en su tradicional comida campestre. La música en este acto estuvo de la mano de la Banda de O Rosal y de un grupo de gaitas formado por una familia del lugar. Por la noche, la verbena estuvo amenizada por los dúos Diseño y Chévere.
Por otro lado, San Bartolomé fue honrado en dos lugares de la comarca dezana. Los vecinos de Dozón no quisieron faltar a su cita anual y celebran desde el domingo y hasta hoy sus fiestas. Ayer, después de la misa, Ciudad de Vigo hizo sonar su música en la sesión vermú. Los acordes sonaron de nuevo por la noche con esta misma agrupación y con Mar Azul.
La parroquia lalinense de Botos también honró a San Bartolomé en unos actos dominados por la persistente lluvia. La misa solemne fue continuada con la música de Añoranza. La verbena estuvo de la mano de los grupos Florida y Añoranza.