LAURA MARTÍNEZ R.- LALIN
El comienzo del verano marcó para muchos padres un nuevo dilema, sus hijos acababan el curso escolar y las vacaciones y el tiempo libre de los benjamines de la casa originaron un reajuste en los horarios de los miembros de la familia. Sin embargo, una importante parte de los muchachos deben compartir los juegos y momentos de ocio de los meses de julio y agosto sin olvidarse de sus compañeros de pupitre, los libros. Asignaturas que han arrastrado a lo largo del curso escolar y que, finalmente, les han dado alcance, deberán ahora intentar aprobarlas en los exámenes de septiembre.
Son muchos los padres que optan por ofrecer un apoyo a los jóvenes durante el verano, para que acaben superando esas asignaturas. Las academias y centros de estudio notan cada año un incremento por estas fechas y, sobre todo, muchas caras nuevas entre sus alumnos. “Tenemos chavales de la zona que no han venido durante el curso y ahora prefieren preparar las asignaturas con ayuda”, comentaba Sandra Aldírez, profesora y gerente del centro de estudios Minerva, en Silleda. Apuntaba, además, que “vienen niños de fuera de Galicia, que están pasando las vacaciones con sus abuelos y aprovechan para estudiar”.
El buen tiempo y las actividades que sus compañeros realizan en lugar de estudiar restan ánimos a los estudiantes, por eso, es necesario motivarlos desde un principio. Estos dos meses deben proporcionar un repaso por todo lo que se ha dado en la asignatura durante el curso escolar, con lo que las clases serán más concentradas. Cada profesor tiene sus trucos para motivar a los alumnos o conseguir que no se agobien demasiado, según los jóvenes. “Debemos prepararlos anímicamente no sólo en el terreno escolar”, afirma Sandra Vilanova, profesora de lengua gallega, castellana e inglés en la academia lalinense Algoritmo. Los 13 profesores con los que cuenta este centro no descansarán hasta septiembre, al igual que sus 40 alumnos de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato. Los estudiantes de estos cursos saben que tienen que estudiar para aprobar en septiembre, mientras que los niños de primaria tienen otras actividades. “Para ellos hay cuadernos de vacaciones, con los que repasan, pero que, al mismo tiempo, son muy entretenidos” explica Sonia Iglesias, gerente de la academia Élite, en Lalín.
De 6 a 20 horas por semana
Las horas que los chicos dedican al estudio varían en función de las asignaturas que cada uno tenga. Pero también de lo que los padres exijan. “Hay alumnos que vienen un promedio de seis horas semanales, pero también tenemos niños con 20 horas a la semana, porque sus padres quieren que mantengan el ritmo que han tenido durante el curso”, comenta Lorena González, administrativa y profesora en el centro Paidós de la capital dezana.
Las asignaturas que más cuestan a los estudiantes de la zona siguen siendo las lenguas –castellana, gallega e inglesa– y las matemáticas. Como aclara Sandra Aldírez, “el inglés les está costando cada vez a más niños. Tienen más problemas con las lenguas que con las ciencias y las matemáticas”. Y, aunque en verano cuesta más, el hecho de no tener un examen cada semana, como puede ser el ritmo diario del curso o que puedan acudir por la mañana y por la tarde, hace que éstas sean “un poco más relajadas, y se puede negociar con los jóvenes, atendiendo a las fiestas que hay en esta época del año, siendo un poco permisivos”, comenta Aldírez, profesora en Silleda. Queda saber cuantos de estos jóvenes aprobarán los exámenes de septiembre.