SILVIA ALENDE - A ESTRADA
Son siglos de historia reunidos en un único lugar. Es el tiempo congelado en miles de piezas que hablan de un pasado lleno de avatares y momentos únicos. Todo ello a la vista de los visitantes en el recinto de la Fundación de Exposicións e Congresos da Estrada en el que desde ayer y hasta última hora de la tarde de hoy se celebra la Feira de Antigüedades e Cousas Curiosas.
La feria ofrece un sinfín de posibilidades. Desde distintas piezas de mobiliario antiguo hasta los más diversos objetos curiosos llegados de muy dispares puntos de Galicia, España e incluso otros países, tales como Francia o Portugal. Con sus ya 29 ediciones a la espalda, la Feira de Antigüedades se ha convertido en una cita ineludible. "Aquí xa somos todos amigos" comentaba uno de los expositores, llegado desde A Coruña, que indicó que después de más de dos décadas acudiendo religiosamente a cada una de las ediciones es un gran sentimiento el que lo une a los anticuarios más veteranos de la muestra. La artesanía tiene también gran importancia en esta ocasión. Entre los productos hechos a mano hay desde mantelería, hasta joyas pasando por bustos decorativos.
En este espejo de lo que un día fue y la modernidad relegó al baúl de los recuerdos, son muchas las clases de objetos que pueden apreciarse. Mobiliario y relojes se llevan la palma por la gran cantidad de espacio dedicado a su exhibición. Sobresalen estos últimos por su estado de conservación, por la laboriosidad de manufactura que revelan a simple vista y por el hecho de que aún hoy, y después de siglos marcando el devenir del tiempo, señalen el momento exacto del día. Y despuntan también en lo que al precio se refiere, superando en algunos casos y con creces la barrera de los 1.000 euros por pieza. Testigos de diferentes épocas son también los muebles, tales como cómodas en caoba que hablan de las desigualdades sociales en una era pasada. Puede contemplarse en ellas el contraste existente entre las reservadas a las señoras pertenecientes a las clases más altas de la jerarquía social y aquéllas destinadas a los aposentos del personal de servicio de las mansiones.
La música tiene también un papel protagonista en la muestra. Son muchos los instrumentos conservados, desde gramófonos y pianolas hasta clarinetes no lacados, como se realizan actualmente. El cambio en los hábitos de la sociedad se refleja en la existencia de muchos elementos ahora desaparecidos en los domicilios. Son por ejemplo amplísimas ollas para calentar el agua, tinteros empleados para almacenar el preciado líquido de la escritura antes de que el bolígrafo pusiese las cosas mucho más fáciles, máquinas de coser destinadas a los viajes en barco, planchas de carbón o medidores de aceite.
La feria refleja también la evolución sufrida por el sector audiovisual. Pueden verse desde un proyector de cine mudo de 1930 de la Pathé Baby hasta proyectores más modernos de diapositivas, cámaras de vídeo y fotográficas. Así mismo, la muestra refleja la historia y recuerda por ejemplo el tiempo en que se prohibió alzar las banderas masones, que gracias a la labor de algunos cuidadosos han podido llegar hasta hoy. Y para muestra de toda esta historia condensada, la colección de 100 ejemplares del llamado Diario del siglo XX que guardan con sigilo los más importantes hechos de la transición a la modernidad en unos tiempos convulsos para España y para el mundo. Son titulares contundentes como "El Tratado de Versalles castiga a Alemania. Nace una nueva Europa" (1919), "Velocidad máxima permitida de 20 kilómetros hora. Orden de circular por la derecha" (1924), "Primera mujer alcaldesa en España" (1924), "La penicilina del doctor Fleming, un invento sensacional" (1928), "España partida en dos" (1936) o "ETA comete en Hipercor su primer atentado contra la población civil" (1987) los que nos recuerdan el pasado del que provenimos.