ANA CELA - A ESTRADA
Hace poco más de tres meses una urgente orden judicial abrió la puerta a la esperanza para la familia de Ramón Picallo Ogando, un vecino de la parroquia estradense de Codeseda sobre cuya vivienda pesa una orden de derribo. Sin embargo, a comienzos de esta misma semana la familia recibía una notificación en la que se le comunicaba que mañana viernes las máquinas acudirán al lugar para proceder al inicio de la demolición a la que obliga un auto dictado por el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG). Está previsto que los trabajos comiencen a primera hora de la mañana, presumiblemente en torno a las 9.00 horas.
En la mañana de ayer Manuela Picallo, hermana del propietario de este inmueble, indicó que los afectados se encuentran todavía a la espera de la resolución de dos recursos presentados ante el Juzgado de lo Contencioso Administrativo de Pontevedra y admitidos a trámite. Según explicó la portavoz de la familia, uno de estos recursos se refirió en su momento a la contratación de la empresa para el derribo de la vivienda y el otro es el mismo que suscitó en el mes de febrero la suspensión cautelar de las obras de demolición. En concreto, este recurso persigue que se revise el acuerdo del ayuntamiento por el que se denegó la legalización parcial de la vivienda.
En este sentido, Manuela Picallo indicó ayer que la pretensión de los propietarios de esta casa, emplazada en Currelos, era que el concello les diese licencia de la parte para la casa que sería posible legalizar. "Nós comprometémonos a demoler esa esquina, eses tres metros cadrados máis ou menos", apuntó. Después de que el concello no admitiese esta propuesta, la familia decidió recurrir al citado tribunal pontevedrés y aguarda su resolución. Aunque esta acción propició que se adoptasen medidas cautelares, la ejecución de la sentencia dictada por el TSXG volvió a retomarse. "Están admitidos a trámite; non están solucionados pero non van paralizar nada. Pódese tirar a casa e despois dicirche que che deberan dar licenza", afirmó Picallo en relación a los citados recursos.
Los propietarios de esta casa recibieron en el mes de febrero el respaldo de centenares de vecinos, que días antes de la fecha en la que estaba previsto el inicio de la demolición salieron a la calle para protestar para este derribo. La familia reconoció ayer que fueron ya varios los habitantes de la zona que se interesaron por la fecha y hora en la que, de nuevo, está programada la llegada de las máquinas. Por ello, se aguarda que Ramón Picallo y los suyos vuelvan a estar arropados mañana. La vivienda permanece desde hace meses privada de algunos de los servicios básicos.