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HEMEROTECA » |
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Á. G. - LALÍN Está jubilado pero continúa haciendo lo que más le gusta: Esculpir con sus manos tallas religiosas o laicas, siempre sobre madera, por encargo de particulares o instituciones. Manuel Presas es uno de los pocos imagineros con los que cuenta Deza, una comarca poco propicia a las manifestaciones religiosas multitudinarias que se traduce en una Semana Santa escasa de procesiones y, por lo tanto, con contados ejemplares de representaciones alusivas a La Pasión de Jesucristo. Sin embargo, desde su taller de Espiño, Presas resiste como un auténtico “último mohicano” de su profesión.
–¿De dónde le viene el gusto por la imaginería?
–Creo que salió de mi. Nunca aprendí con nadie en ningún taller ni nada parecido. De hecho, aproveché el servicio militar que me tocó hacer en Vigo para matricularme en la Escuela de Artes y Oficios, donde pude estudiar dibujo y otras técnicas artísticas que entonces se impartían. y que me sirvieron después de mucho. Además, antes tuve la gran suerte de ir a clases de un profesor valenciano que teníamos en el instituto de Lalín junto a Sucasas. Lo que pasa es que este hombre nos consiguió una beca a los dos para ir a estudiar fuera pero mis padres eran muy humildes y no pudieron afrontarlo. Sin embargo, los de Sucasas, como tenían una zapatería, sí le apoyaron y mira ahora donde está.
–Es una lástima que nuestra comarca cuente con tan pocos pasos procesionales, ¿no cree?
–Desde luego. Lo que pasa es que, por ejemplo, aquí en Lalín no se hacen pasos de Semana Santa porque cuestan bastante. Como mucho hice la carroza con la que salen el Sagrado Corazón y la Virgen, donde ayudo a llevarla como uno más, pero si es cierto que es una pena no tener más. La crisis económica está siendo muy mala para el arte, que ha dejado de ser necesario y eso se nota en el descenso del número de encargos experimentado desde hace algún tiempo.
–¿Es usted muy devoto?
–Lo soy desde muy pequeño, sí. Tuve el privilegio de tener unas maestras –porque fueron todas ellas mujeres– muy religiosas que me lo supieron enseñar. Y tengo que decir que me ha servido de mucho a lo largo de toda mi vida. Soy un creyente que procura cumplir con los preceptos y me siento muy orgulloso de mi fe.
–Al parecer, es usted uno de los imagineros más prolíficos de la zona.
–Tengo muchas imágenes. Un San Miguel que me encargó una empresa de Lalín; un Sagrado Corazón que está en el altar de la iglesia de Espiño; un San Roque; una Huida a Egipto que me pidieron en Ponte Vea y, también, hice un busto de un cardenal de Rodeiro que tuve que realizar a partir de una foto de frente porque no tenían más.
–¿Tiene alguna pieza hecha para algún lugar de fuera de la comarca?
–Se me olvidaba. Hice un paso para Antas de Ulla con un Cristo de casi tamaño natural y un Via Crucis. También tengo un Cristo de mi estatura que ahora está en otra localidad de la provincia de Lugo.
–Por lo visto, un escultor e imaginero nunca se retira.
–Es que me gusta mucho hacer este tipo de encargos. Aunque llevo tiempo jubilado, sigo trabajando en casa por encargo reparando muebles que la gente me trae porque o bien los compraron y quieren recuperarlos, o pertenecen a la familia y no quieren deshacerse de ellos. También hago trabajos de talla de todo tipo que me piden para decoración, sobre todo.
–Supongo que piensa acudir a los oficios religiosos de los próximos días en la parroquia de Nosa Señora das Dores.
–Claro, y pienso echar una mano si me lo piden porque nunca está de más involucrarse en unas celebraciones tan especiales e importantes.
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