ALFONSO LOÑO - LALÍN
La celebración de unas bodas de oro suele ser un motivo de reunión familiar y de fiesta, pero en algún caso puede haber sorpresas que sirvan para recordar más si cabe esta efeméride. Esto fue lo que le ocurrió a Luisa Rodríguez Castro, que conmemoró el sábado en la iglesia de Anzo el matrimonio que había contraído con Manuel Golmar hacía medio siglo. Estos vecinos, residentes en Lalín y naturales de Anzo y Busto respectivamente reunieron a más de un centenar de parientes en el templo parroquial para celebrar su nuevo enlace.
Pero a la felicidad por tener a sus parientes reunidos en este día se sumó otra que Luisa tardará mucho en olvidar. Sus sobrinos se pusieron en contacto con su hermano Pepe, que reside junto a su esposa en una localidad argentina y al que Luisa no había visto desde hacía exactamente otro medio siglo. Aunque con los evidentes rasgos del paso del tiempo, Luisa Rodríguez quedó impresionada por poder ver a su hermano después de tanto tiempo y en esos instantes, según indican los presentes, se vivieron momentos especialmente emotivos entre todos los familiares y sobre todo por parte de la vecina que pudo besar a su hermano después de tanto tiempo. Los sobrinos le regalaron a su tía como regalo de estas bodas de oro el pasaje a Pepe y su señora para acudir a la importante cita y que le permitirá además una estancia de en torno a un mes por tierras dezanas. Manuel y Luisa, que regentaron durante años el bar Alameda de Lalín, estuvieron acompañados por sus hermanos: Victorino, María Cruz, María Luisa y Manuel y sus cuñados: Rosa, Benigno, Manuel, Adelina y Agripina.
Si los familiares de la “novia” le realizaron este importante regalo, los sobrinos de Manuel tampoco quisieron ser menos y lo sorprendieron con la actuación de la banda de música de Vilatuxe, que amenizó parte del evento, para sorpresa de los presentes. Después de la celebración religiosa en la iglesia parroquial de Anzo, los presentes se desplazaron hasta el restaurante O Agarimo de Donramiro en donde se sirvió la comida, que se prolongó durante varias horas y en la que el centenar de familiares celebró como se merece la unión de Manuel y de Rosa, esperando que, después de las bodas de oro lleguen al menos las de platino.