Ana Cela / A ESTRADA
Cuando uno recuerda los tiempos de escuela hasta la amargura de los mil y un borrones en el cuaderno tratando de resolver una difícil raíz cuadrada o de despejar la incógnita de una educación se vuelve dulce. Los años de pupitre se convierten en páginas del libro de la vida que ocasiones como el reencuentro con los compañeros de pizarra permiten volver a releer con bastante nostalgia y mucha ternura. Más de un centenar de alumnos de Germán Alejandro y Esperanza Iglesias, maestros ya desaparecidos que impartieron clase en la parroquia estradense de Couso desde 1933 hasta la década de los 60, tuvieron el sábado la oportunidad de viajar en el tiempo hasta sus años de colegio. Juntos, dirigieron su mirada al pasado para recordar cómo transcurrían los días en esta escuela de A Estrada, entre sus cuadernos de matemáticas y lengua o el siempre presente mapa ante el que "cantar", regla en mano, los límites de España o las capitales, mares y grandes cordilleras del planeta.
Como el tiempo no pasa en balde, más de uno de los asistentes a este acto de homenaje y reencuentro se vio en la tesitura de preguntar por antiguos compañeros, aún cuando el requerido se encontrase a escasos metros. Aurora Lorenzo, una de las impulsoras de este acto, señaló como el boca a boca contribuyó a superar holgadamente todas las previsiones de asistencia de los organizadores, con antiguos alumnos llegados de múltiples puntos de la geografía autonómica y estatal.
El reencuentro comenzó a fraguarse hace ya 5 años y se vivió en todo su esplendor. Algunos de los presentes llevaban sin verse entre 30 y 40 años y el amplio margen temporal propició casos en los que madre e hija asistieron en calidad de compañeras de escuela por haber compartido a los mismos profesores, de los que algunos de los asistentes destacó ayer su capacidad docente para hacer salir de estas aulas personas preparadas para continuar su formación académica o incorporarse al mercado laboral, en función de los caminos que cada quien decidiese emprender.
Quienes participaron en este emotivo acto en la parroquia de Couso comenzaron por compartir una celebración religiosa las 20.30 horas, tras la cual la alumna más antigua de las congregadas el sábado en la parroquia, con 82 años de edad, descubrió una placa conmemorativa. Para contribuir a zambullirse en los recuerdos y divertidas anécdotas de los días de clase, se ambientó el escenario de la antigua escuela, con pupitre, globo terraqueo, libros y los mapas que a más de uno infundían respeto.
Los asistentes compartieron una cena y un animado baile con el grupo Xirimbao Boys, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Una recopilación de fotos antiguas ayudó a rememorar esos tiempos de colegio en Couso, en los que la mochila se hacía ligera a la hora de encontrarse con los compañeros de la aventura educativa.