M. MÉNDEZ / VILAGARCÍA
El Concello de Vilagarcía se ha consolidado entre los lugares de España que despiden el año con doce horas de antelación, tal y como se hace también en el Concello de Cambados. Ocurrió el lunes a mediodía, cuando vilagarcianos y cambadeses se colocaron frente a sus casas consistoriales para asistir al espectáculo, brindar con cava, tomar las uvas y sumergirse en el cotillón.
Lo ocurrido en la ciudad vilagarciana merece un análisis más profundo, ya que se cambió el escenario habitual y la despedida del año no se realizó en la Praza de Galicia, sino en Ravella. Y esta circunstancia hizo preciso cortar al tráfico la carretera comarcal entre las 11.30 y las 13 horas del lunes, precisamente cuando se celebraba el mercadillo ambulante y la ciudad amanecía tomada de vecinos y gentes llegadas de otras localidades dispuestos a hacer sus últimas compras navideñas. Ni que decir tiene que todo ello derivó en un espectacular caos viario y provocó embotellamientos que desesperaron a no pocos conductores. A ello se sumó el escaso volumen del reloj del consistorio vilagarciano y diversos errores en la organización que ni siquiera la Big Band pudo compensar con su actuación.
Al margen del lado negativo de dicha celebración, que sin duda cobrará mayor esplendor cuando Vilagarcía tenga circunvalación y no se produzcan caóticos momentos como los del lunes, cabe decir que la despedida anticipada del año reunió a más de un millar de personas en Ravella y se consolidó como una propuesta lúdica que agrada al público. Puede convertirse en un gran espectáculo promocional si se subsanan errores.