13 de noviembre de 2016

Manuel Besada: "Recogí un paracaídas de Palomares sin imaginar que era radiactivo"

El meañés de 74 años fue testigo del accidente nuclear aquel 17 de enero de 1966 -Un año después sufrió unas manchas en el cuero cabelludo -Iba enrolado en un petrolero

13.11.2016 | 04:55
Manuel Besada Sanmartín en su domicilio de Meaño. // Iñaki Abella

Hace ahora 50 años se produjo el incidente nuclear de Palomares (Almería), el accidente más grave registrado en España. En él dos aviones norteamericanos, un bombardero B-52 y la aeronave nodriza que lo abastecía, colisionaron en pleno vuelo, desintegrándose y cayendo entre el mar y la costa almeriense a la altura de la playa de Palomares. Las cuatro bombas termonucleares que transportaba el primero se precipitaron. Dos de ellas rompieron originando una nube radiactiva que contaminó 226 hectáreas de tierra. Aunque Manuel Fraga y el embajador norteamericano, con su famoso baño, quisieron trasladar un mensaje de normalidad, lo cierto es que Palomares sigue siendo 50 años después la localidad más radiactiva de España y el acceso a una amplia zona continúa hoy prohibido.

A sus 74 años el vecino de Lores, Manuel Besada Sanmartín, marinero entonces y testigo de excepción de los hechos, rememora 50 años más tarde aquel accidente. Él mismo recogió con sus manos del mar uno de los paracaídas del fatídico bombardero.

Manuel Besada Sanmartín se hallaba aquel 17 de enero de 1966 en el puente de mando, llevando el timón del petrolero "Camponegro" de la compañía Campsa, que trasladaba gasolina refinada desde Canarias hasta el puerto de Almería. "Sería al filo de las dos de la tarde -recuerda- y estaríamos apenas a unas cinco millas de la costa, cuando, desde el puente de mando, divisamos dos aviones en el aire, muy cerca el uno del otro, tanto que captó la atención de los que nos hallábamos en ese momento en el puente. De pronto se tocaron y se precipitaron en picado al mar". "Al momento -continúa- se levantó una gran nube negra, con partículas centelleantes que ascendían, y arriba, desde cielo, vimos caer entonces varios paracaídas, algunos vacíos, pero otros con objetos que no acertamos a precisar si eran tripulantes o las referidas bombas. Al fondo, muy cerca de la costa, un pesquero, y más allá, en tierra, enseguida pudimos ver dos focos en llamas". "En aquel momento -añade- no imaginábamos el alcance de lo que estaba ocurriendo, ni del hecho del que estábamos siendo testigos desde la atalaya del puente de mando".

El meañés relata como al instante el capitán del buque recibió la orden de auxilio. "El capitán ordenó entonces orillar el barco al objeto que nos quedaba cerca, que era un paracaídas de color naranja. Cuando se completó la maniobra bajamos una escalera de gato por el costado del barco y alguien dijo: 'que baje el rapaz', y ese era yo que, con 24 años, era el más joven de la treintena de tripulantes enrolados en el petrolero". "Y ahí me ves a mí -prosigue- bajando hasta el nivel del agua. Con la ayuda de un bichero logré acercar el paracaídas, y comprobé que no había nada ni nadie sujeto a él. Pedí entonces que me lanzaran un cabo desde cubierta para atarlo con cuidado, que no se rompiera y poder izarlo." "Recuerdo -continúa- con al sacarlo del mar y en la maniobra de izado se precipitó toda el agua del paracaídas por encima de mi cabeza y me empapó por completo".

Acto seguido el Camponegro permaneció casi dos horas parado en el mar, esperando autorización para entrar en puerto. "Cuando al final pudimos hacerlo -relata Manuel Besada- vino un grupo de gente a recoger el paracaídas de la cubierta del barco, se lo llevaron en una furgoneta. No supimos más de él, ni teníamos constancia en aquel momento de lo de las bombas nucleares. De eso nos enteramos algo después, por lo poco que entonces se publicó en la prensa, porque el plena dictadura todo aquello quedó silenciado y minimizado".

Mientras rememora el accidente Manuel Besada muestra la fotografía que conserva del "Montenegro" y su cartilla de navegación, que atestigua su presencia en el petrolero aquel 17 de enero. "Un año después -agrega- me salieron varias calvas en el pelo a modo de ronchas, no sé si eso tuvo algo que ver con el agua de aquel paracaídas que me cayó por la cabeza o si fue en realidad fue por otra cosa".

"Cierto que hoy me refiere gente de allí que la radiación en Palomares sigue siendo tal que recomiendan no utilizar en las inmediaciones el aire acondicionado de los vehículos porque mete al interior, que es un habitáculo muy pequeño, el aire exterior que aún contiene plutonio".

De hecho, mediciones efectuadas a finales de los años 80 del pasado siglo constataron que la contaminación residual en la zona se estimaba entre 2.500 y 3.000 veces superior a la de las pruebas atómicas.

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