Juan Ventura Martínez Reboiras: "A los niños les digo que ser cristiano es como ser celtista"

"No soy un cura moderno, aunque me gusta estar a la última, y no soy mejor ni peor que otros; es mi forma de ser"

20.04.2016 | 20:16

GALERÍA | Juan Ventura Martínez Reboiras, el cura revolucionario de O Grove. // Muñiz

El cura de San Vicente de O Grove, que lo es también de Santa María de Simes, en Meaño, sigue ganando en popularidad por su forma de hacer las cosas y predicar, siempre con una sonrisa por delante y, si cabe, también con algún chiste que otro. El lunes tenía 1.584 amigos en Facebook y ayer, coincidiendo con la información publicada por FARO en la que se hablaba de su talante capaz de revolucionar el sacerdocio, subió a media tarde hasta los 1.608 seguidores, a los que se suman los 343 del perfil de Parroquia de San Vicente. Es Juan Ventura Martínez Reboiras, un joven inquieto que transmite la Palabra de un modo diferente y hace que su profesión parezca algo mucho más cercano.

-Está claro que usted no es un cura de los de antes. Muchos destacan su capacidad para llegar a la gente. Pero antes de explicar por qué lo hace así, cuente cómo empezó todo.

-Con apenas doce años un amigo me dijo que si colaboraba en la procesión me daban 500 pesetas y no lo dudé. Empecé así, como monaguillo, en mi pueblo natal, Vilanova. Estuve unos años y un día el cura que me inició en esto, Antonio Sineiro, me preguntó si quería ser cura y le dije que si. Después vino el seminario y me di cuenta de que el camino que quería era éste. No es que tengas una llamada divina; a veces Dios llama a tu puerta a través de personas y de la propia vida.

-Pero era usted un crío... ¿fue duro?

-En absoluto. Hice Teología en Santiago a través de la Universidad Pontificia de Salamanca después de haber estado en el colegio de Vilanova, en Los Salesianos de Cambados y en el Instituto Asorey, también cambadés. Guardo muy buenos recuerdos, y de hecho la etapa salesiana fue muy chula porque hice muchos amigos. Hoy mismo (ayer para el lector) me llamó uno de ellos para que le bautice a su segundo hijo; ya le bauticé al primero y ya lo casé a él.

-¿No se arrepiente? ¿No cree que se ha perdido las vivencias de cualquier joven de su edad?

-¿Arrepentirme?, para nada. Volvería a hacerlo una y mil veces. Me encanta mi profesión y soy súper feliz con lo que hago.

-Lo que hace en O Grove... porque fue su primer destino.

-Así es, me ordené sacerdote el 5 de julio de 2009 y me estrené aquí. Llegué a O Grove como diácono, estuve de coadjutor y de vicario parroquial, que sigo siéndolo, y ahora estoy tanto en San Vicente de O Grove como en Santa María de Simes (Meaño). Son 22 kilómetros de un lado a otro y no tengo coche ni conduzco, pero está todo muy organizado y no tengo problema alguno (risas).

-¿Cómo se las apaña?

-Los domingos tengo tres o cuatro chóferes que se ofrecen a llevarme a todas partes.

-Se ve que es un hombre de recursos... y dicen que también un cura muy moderno.

-(Risas) No, soy un cura normal No soy ni mejor ni peor que otros, simplemente soy así. Para bien o para mal esta es mi forma de ser, y no puedo ni quiero cambiarla.

-Pero coincidirá, y muchos feligreses se lo dirán, en que acudir a misa con usted o participar en las labores parroquiales resulta más agradable, y en muchos casos más divertido, que hacerlo con otros curas de esos que tienen fama de rancios... ¿Cree que los hay?

-Puede que no sea lo habitual ser como soy yo, pero repito que es algo natural y no puedo hacerlo de otra forma. Soy de los que creen que no es lo mismo echar una bronca que decirlo con una sonrisa, y no es que sea más permisivo o mejor que otros curas. Soy igual que los demás y exijo lo mismo, pero a veces en lugar de esas broncas es mejor contar un par de chistes y charlas distendidamente.

-¿Funciona?

-Creo que sí que da resultado. Se trata de actuar de una forma natural y desde la cercanía. Cuando veo a un grupo de jóvenes que conozco de vista, como me sucedió hace un par de días cuando iba a bendecir un supermercado, me acerqué a ellos y empezamos a hablar . No se me ocurriría reñirles y preguntarles por qué no van a la iglesia, sino que actué con la naturalidad de siempre. Se trata de tener clara tu vocación y ser siempre fiel a eso; esto fue lo que aprendí de mi párroco y "segundo Padre", Antonio Sineiro.

-Por su forma de hablar, esa actitud abierta y las ideas renovadoras que profesa en ocasiones muchos lo comparan con el Papa Francisco.

-Es un orgullo que así sea. Quizás se deba a que con él cambiaron las formas y los gestos. Aunque no hay que quedarse solo con eso, pues esos gestos tienen una profundidad sobre la que debemos reflexionar todos. No cabe duda de que el Papa Francisco es un modelo a seguir; fue una bocanada de aire fresco para la Iglesia.

-Habla de renovación y de acabar con viejos modelos...

-Hablo de que a veces parece que la Iglesia está encorsetada y hay mucho que cambiar, pero somos muchos los curas que actuamos desde la naturalidad y la cercanía, tratando de abrir horizontes. Hay incluso curas mayores que podían esta jubilados y descansando pero están entregando su vida en una parroquia, desgastándose a diario y pensando solo en los demás. Muchas veces el nuestro no es un trabajo reconocido y hay gente que dice que bastante cobramos, sin pensar en que un cura tiene que vivir, como todo el mundo. Volviendo a su pregunta, no cabe duda de que en la Iglesia hay de todo, como en los ayuntamientos, los colegios, la sanidad y cualquier casa.

-Ahora que habla de ayuntamientos y de política. Dicen de usted que si se presenta a unas elecciones las gana.

-(Carcajadas) Ni loco. Lo de la política me lo dicen pero no me meto ni loco. Yo soy fiel a mi vocación y estoy aquí para ser sacerdote. Un cura en política no pega porque la política divide mucho, cuando no debería de ser así. Un sacerdote está para conciliar, ayudar y unir, nunca para dividir.

-Antes hablaba usted de su encuentro con un grupo de jóvenes y de que no van a la iglesia... ¿Lo hacen cada vez menos?

-En mi parroquia no me puedo quejar, pero sí es cierto que muchos niños dejan de ir a misa después de hacer la Primera Comunión y que tampoco hay jóvenes que quieran hacerse curas.

-¿Y esto no tendrá que ver con esa parte rancia a la que nos referíamos anteriormente?

-Creo que muchos padres tendrían que actuar de otro modo. En la familia no estamos educando a los niños en ciertos valores, y en ocasiones se les dicen cosas bonitas porque no queremos descubrir ni esforzarnos en buscar la verdad, a pesar de que cuando una personas descubre de verdad la fe y es capaz de saborearla aprende a ser feliz. A los niños siempre les digo que ser cristiano es como ser celtista. Un celtista es alguien que sigue al Celta, pues un cristiano es alguien que sigue a Jesucristo y que intenta hacer lo que él hizo en su vida. Es así de sencillo, pero no vale decir que somos cristianos y después dejar mucho que desear. Ser cristiano es un estilo de vida del que debemos sentirnos orgullosos, como lo estamos de nuestro equipo de fútbol preferido.

-¿Pero esa teoría vale para cualquier equipo o solo para el Celta?

-(Risas) ¡Para todos, para todos! Si hablo del Celta es porque es el equipo que más me gusta, aunque debo reconocer que no soy un buen aficionado, ya que apenas veo fútbol.

-Y la última, como cura moderno que es... ¿qué mensaje lanzaría a los lectores?

-Que sean felices y que no crean que la Iglesia es algo del pasado, algo muerto o que no vale y no tiene nada que decir a la sociedad. Puede aportar grandes cosas al mundo y a la sociedad de hoy en día, sobre todo con la verdad en la mano. El proyecto de Dios para los hombres es que seamos felices; el problema es que después nosotros no siempre nos preocupamos por esto y pensamos que ser feliz es otra cosa, de ahí que busquemos felicidades momentáneas que, a la postre, no sirven de nada.

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