Abuelos que mantienen la tradición del Día de Ramos

Los puestos de palmas en el mercadillo de Vilagarcía despachan casi todo el producto que elaboraron en los últimos tres meses

20.03.2016 | 07:26

El Domingo de Ramos es una de esas fechas que marcan la infancia. Es casi como una Primera Comunión anual en la que además de estrenar ropa y calzado se puede conseguir un cierto protagonismo agitando la pequeña palma durante las numerosas ceremonias de Bendición que se celebran a lo largo y ancho de la comarca arousana. Cambados, Paradela (Meis) o Vilagarcía son las citas más concurridas hoy en los propios templos, si llueve, o al aire libre si Lorenzo se digna a descubrirse. Por ello, ayer los mercados agotaron las existencias de olivo, laurel y hojas de palmera.

Joaquina Fernández ya acudía hace la friolera de un siglo al mercado de Vilagarcía en la víspera de Ramos. "Subía O Pousadoiro con su caballo cargado de ramilletes de olivo y sencillas palmas, formada por dos hojitas verdes unidas con un simple lazo", una tradición que evolucionó y que su familia perpetuó otras cuatro generaciones más porque así se lo inculcó a su hija Teresa Fernández, ésta a su nieta Teresa Tizón y ahora a la más joven María Teresa Arzúa.

Esta útima es la que ahora lleva las riendas del puesto en Vilagarcía que a mediodía se convertía en una verdadera exposición de arte por las filigranas logradas con sofisticados trenzados de las hojas de palmera procedentes de Elche.

"Esa que ve usted ahí lleva más de una hora de trabajo pero lo normal que una palma simple se concluya en diez minutos", explica a la vez que muestra sus manos marcadas por tantas horas de dobleces, cortes y costuras. Pero al final llega la satisfacción de haber despachado casi todo el trabajo que les ocupó durante el último mes, muchas veces en horario nocturno sobre todo al acercarse el día de feria.

Con todo, los vendedores admiten que los clientes se animan menos que otros años. "Y la razón no está en el precio porque no se ha subido ni un céntimo en los últimos cinco o seis años", exponen en el puesto donde se venden ramilletes de olivo a 50 céntimos y palmas desde 2,50 a seis euros la unidad.

Tampoco parece que el motivo de la menor venta esté en el pronóstico del tiempo, aunque la amenaza de lluvia pueda influir en algunos fieles, especialmente aquellas familias que acuden con los niños de más corta edad.

Para Mónica Rivas, propietaria de la floristería vilagarciana del mismo nombre, existen otros motivos más trascendentales que el tiempo, la crisis o el "picudo rojo".

"Si quiere que le diga la verdad de por qué se venden menos ramos y palmas basta con que se fije usted a su alrededor ¿Quién compra? Ahora ya no vienen los padres sino que son los abuelos los que quieren conservar la tradición del Día de Ramos. Son ellos casi los únicos que tienen la ilusión".

Y era cierto, alrededor de la decena de puestos especiales del Día de Ramos solo se veía a personas talludas, todos de 50 años hacia arriba, que hoy querrán acompañar a sus querubines en uno de los actos religiosos más concurridos de la Semana Santa.

Mónica Rivas señala que esta tendencia se ve desde hace algunos años. Y tiene experiencia pues hace más de cuarenta que abrió su negocio de flores en el mercado.

Pero otros compañeros también acusan a las previsiones de lluvia para justificar que las ventas de ramilletes tenga esta vez menos tirón entre los vecinos de O Salnés.

A la crisis ya son muy pocos los que quieren echarle la culpa porque "se trata de un producto muy asequible, desde dos a seis euros la palma trenzada", coinciden.

Cierto que algunas son más simples que otras pero el trabajo más sencillo puede ocupar diez minutos y adquirir el material también tiene un importante coste para los vendedores.

"Traemos las ramas de palmera de nuestro proveedor de siempre en Elche", señala Mónica Rivas. Pero para tenerlas a tiempo tiene que encargarse en Navidad, que llegue en enero y empezar a construir las filigranas, desde trenzas a estrellas, cada cual más sofisticada.

Y este año con el problema añadido del "picudo rojo" que ha dañado muchos ejemplares en toda la Península Ibérica. Los floristeros se han percatado porque algunas ramas han llegado "con manchas rojizas", afirman otros artesanos consultados. De todos modos, la mercancía se descargó en bastante buenas condiciones. "El tratamiento de cada hoja es muy completo, desde sumergirlas en una piscina con lejía hasta el uso de azufre para el blanqueo", explican estas mujeres que ayer se afanaban por liquidar todas las existencias. La prueba del algodón estará hoy en los atrios y plazas de las iglesias.

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