La residencia de Valle-Inclán en Cambados

Entre 1912 y 1925 el genial literato pasó buena parte de su tiempo en tierras cambadesas

13.04.2014 | 01:26
Ramón María del Valle-Inclán. // FDV

Es creencia general que el genial don Ramón del Valle-Inclán pasó la mayor parte de su vida adulta fuera de Galicia. Sin embargo hay que reseñar que cuanto menos desde 1912 hasta 1925 fijaba su residencia, no permanente, sobre todo en Cambados y en La Puebla del Caramiñal. Efectivamente, tras una breve estancia en Vilaxoán en octubre de 1912, el escritor vilanovés llegaba a Cambados para rememorar parte de su historia, pues hay que tener presente que los antecesores de su madre, Dolores Peña, procedían de Santa Cruz de Castrelos.

Ramón María del Valle-Inclán pasó la mayor parte de su estancia en Cambados "en una casa holgada con galería corrida en las dos plantas y coníferas en el jardín lateral", que pertenecía a Lucila Fernández Soler, viuda de Fraga. Solo un verano vivió en la conocida como "Casa de la Carreira" que le cedió su amigo José González Fraga.

Relata el cronista de Cambados José Caamaño Bournacell, que su amigo Enrique Vidal le contó cómo fue la llegada de don Ramón a Cambados: "Había a la sazón en Fefiñanes, enfrente de la casa en que vivió Valle, una taberna sui géneris, propiedad de Pepe Insua, un veterano de la guerra de Cuba, a la que concurrían, formando peña especial, unos cuantos amigos de la localidad, que pasaban el tiempo trazando planes, preparando conquistas o utilizando aliquando sus dicharacheras lenguas en reformar los trajes de los vecinos? y las vecinas, aún cuando en ocasiones la tal reforma saliese? un poco apretado o excesivamente ancha. Gente joven, alegre, con inquietudes de tipo intelectual, que estaba al día del movimiento cultural de España y que seguía la campaña iniciada en torno a la figura y obra de Valle-Inclán. Allí se reunían, entre otros, formando la élite de la tertulia, bautizada luego con el nombre de "Club de la Tijera", el siempre pulcro y ceremonioso Juanito Vidal, el humorista Manolo Sánchez Peña, el hercúleo Emilio Cid, el prosaico Antonio Pillado, Pepe Fraga, Pedro Vidal y su hermano Enrique".

Cuando se enteraron de la llegada del gran don Ramón, pusieron un gran rótulo en la entrada de la taberna en que se leía: "El Club de la Tijera saluda al príncipe de las letras españolas don Ramón María del Valle-Inclán y se complace en darle la bienvenida, deseándole una grata estancia en esta tierra?".

Don Ramón correspondió a la bienvenida haciendo que llevasen a la taberna "una caja de botellas de marca, acompañada de una nota en la que les decía: "Ramón María del Valle-Inclán, a ratos también canónigo de la tijera, agradece la salutación de ese simpático y alegre Club".

Durante su larga estancia en Cambados fueron muchos los personajes que llegaron a la villa para visitarle como amigo. Solo como ejemplo, citar al pintor Julio Romero de Torres; el periodista y escritor Corpus Barga, que en Madrid era un asiduo del Nuevo Café de Levante presidido por Valle-Inclán; Pérez de Ayala, que según cuenta Caamaño Bournacell, conoció en Cambados a un simpático personaje conocido como Severo Eiras, "cuya principal manía, además de su furibundo odio a la curia cambadesa, consistía en afirmar que él era alcalde vitalicio de Villanueva de Arosa", el famoso pintor Anselmo Miguel Nieto, que en opinión de Valle-Inclán era uno de los mejores pintores de España, junto con Romero de Torres; el también pintor Rafael de Penagos, del que era un encendido admirador el también vilanovés Julio Camba, su pariente e íntimo amigo Tanis de la Riva, uno de los políticos más influyentes de Coruña, además de dueño de una inmensa fortuna; el médico y publicista Miguel Gil Casares: el político, editor, traductor de la obra de Valle-Inclán y jefe del espionaje francés Jacques Chaumié...

Don Ramón tenía un perro en su casa de Cambados al que llamaba "Caravel", que un buen día se tiró a la calle muriendo en el acto, y como recuerdo, escribió su conocido poema, "Mi perro": Tengo un lebrel / se llama Caravel / es un caro recuerdo de Marquina. / Nada le agrada tanto / como dormir debajo de mis pies / cuando se enoja / y le largo de mi / vuelve sumiso / a lamerme la mano. / Como sé que lo estima, se la entrego / busca después mi mano cercenada, / y hocicando en la manga, da un gemido / ¡Llora por una mano que lamer/, y yo lloro, señor, porque quisiera darle una parte de mi humano ser!".

También en Cambados tuvo una de las desgracias más grandes que puede tener un padre: el fallecimiento de su hijo Joaquín María cuando éste tenía 4 meses de edad, y de cuyo enterramiento, en septiembre de 1914, fueron testigos los cambadeses Antonio Pillado Otero y Santiago Rodríguez Otero.

Tras una serie de viajes a Madrid, y especialmente su visita en Francia a los frentes de guerra, regresa a Cambados en septiembre de 1916, pero este será el último mes de su estancia en la villa. Ya la prensa anuncia que "el ilustre escritor se ve obligado a poner fin a la temporada que venía pasando en Cambados", al ser nombrado profesor especial de Estética de las Bellas Artes en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.

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