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Una cambadesa con media Europa en las maletas

La estudiante Beatriz Carballo vive en Eslovaquia, hizo turismo a 16 grados bajo cero en el Báltico y pisó el campo nazi de Auschwitz

29.03.2013 | 08:58
Beatriz Carballo, con el Atomium de Bruselas a sus espaldas. // Fdv
Beatriz Carballo, con el Atomium de Bruselas a sus espaldas. // Fdv

Los trenes no son muy bonitos ni modernos, pero por un precio módico te dejan en apenas tres horas en Viena o Budapest; los encerados de las aulas todavía son de pizarra y tiza, pero entre los profesores hay eminencias formadas en Harvard que ni siquiera han cumplido los 40 años; la entrada a la ópera cuesta menos de seis euros... La cambadesa Beatriz Carballo Piñeiro estudia este curso en la Comenius University de Bratislava (Eslovaquia) y está aprovechando la experiencia para conocer a fondo el país y para viajar por todo el continente europeo.

Beatriz Carballo Piñeiro es una cambadesa de 21 años que estudia Derecho en la Universidade de Santiago de Compostela. En septiembre pasado hizo las maletas y se trasladó a Bratislava, una ciudad eslovaca donde hace el cuarto curso de la carrera gracias al programa Erasmus.

Inquieta y curiosa, la arousana está aprovechando la oportunidad, y lejos de acomodarse en la capital centroeuropea ha realizado numerosos viajes durante los últimos meses. Ha estado en grandes urbes modernas, como Berlín, Londres o Amsterdam; en ciudades donde se respira la historia, como Praga o Varsovia; ha conocido el drama por el que están pasando los griegos; y pisó Auschwitz, donde los nazis levantaron uno de los más terribles campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial.

Beatriz Carballo vive en una residencia de estudiantes, en la que como ella están alojados docenas de estudiantes de Erasmus llegados de Polonia, la República Checa, Ucrania, Bulgaria, Hungría, Croacia, Eslovenia, Turquía, Italia, Francia, Alemania... Una pequeña Torre de Babel en la que se encuentra muy a gusto. "Convivir con culturas tan diferentes te enriquece y haces buenos amigos", cuenta.

La cambadesa no ha olvidado la impresión que le causaron los eslovacos al poco tiempo de llegar a Bratislava. "Al montar en el tranvía tenía la sensación de que nadie sonreía". Sin embargo, asegura que esa frialdad es solo aparente "y cuando te diriges a ellos o les preguntas algo son muy amables y serviciales. Incluso si no hablan inglés es maravilloso como con un gesto y una sonrisa le gente se puede entender".

Una de las razones por las que Beatriz Carballo decidió estudiar este curso en el extranjero fue la de perfeccionar su inglés; pero eso no implica que se haya olvidado de la lengua oficial del país en el que está. "El eslovaco es realmente difícil, pero este cuatrimestre estoy haciendo un curso para conseguir el nivel A2, que es el básico para moverme en el día a día, leer la carta de un restaurante o presentarme".

De todos modos, asegura que también es posible hablar castellano. "El castellano está muy de moda en Bratislava y hay muchos jóvenes que lo están aprendiendo". A su lado, además, está una joven de Bueu, Miren Blanco, y afirma que "en absolutamente todas las ciudades de Europa en que hemos estado siempre encontramos españoles o gente que sabía español".

Casos de corrupción

Beatriz Carballo explica que "me preocupo por conocer la situación del país en el que vivo para así entender cosas que veo en el día a día". Quizás por esas ganas de empaparse de la realidad eslovaca tuvo conocimiento de un escándalo de corrupción que convulsionó el país a principios del año pasado.

Un informe denominado "Gorila" sacó a la luz las estrechas relaciones entre un poderoso grupo financiero del país y altos cargos políticos, que al parecer habrían cobrado grandes cantidades de dinero a cambio de supuestas prebendas en los sectores de transportes o energía.

Mientras en España los casos de presunta corrupción adquieren la forma de un interminable culebrón, en Eslovaquia la situación también adquirió tintes dramáticos el año pasado, cuando cientos de miles de personas salieron a la calle para protestar contra los excesos del capitalismo que se había adueñado del país tras la caída del comunismo.

Beatriz Carballo asegura que las diferencias entre ricos y pobres son muy acusadas en Eslovaquia, donde apenas existe clase media. "La sociedad está crispada porque no es lo mismo sospechar que tener la evidencia de tal fraude gracias al Informe Gorila". Muchos de los implicados en el escándalo han dimitido y están siendo procesados.

Pero Beatriz Carballo no está parada en Bratislava, y desde el otoño pasado ha viajado a algunas de las principales capitales del continente. Su álbum de fotografías así lo atestigua. Hay imágenes de la cambadesa con la Puerta de Brandenburgo (Berlín) o el Big Ben (Londres) a sus espaldas. En otras aparece delante del Atomium, uno de los monumentos más emblemáticos de Bruselas (Bélgica), los canales de Brujas o en paisajes completamente nevados.

Como ella dice, la ruta que sus compañeros y ella han seguido este invierno podría denominarse "cold trip" -el viaje del frío- "ya que en muchas ciudades hicimos turismo a 16 grados bajo cero. ¡Toda una experiencia! Y en los países bálticos paseamos por encima de lagos totalmente congelados".

Beatriz Carballo y la buenense Miren Blanco estuvieron varias veces en Viena y Budapest, dos joyas que son Patrimonio de la Humanidad y que les quedan a tres horas escasas en tren desde Bratislava. Conocieron Amsterdam, Varsovia, Lituania, Letonia, Estonia, Grecia... Uno de los lugares que le ha dejado una huella más profunda lo encontró en Cracovia (Polonia). Allí se encuentra Auschwitz, que ha pasado a la historia del siglo XX por acoger uno de los más crueles campos de exterminio nazi de la Segunda Guerra Mundial. "Es un lugar estremecedor, pero considero que si se puede hay que visitarlo por lo menos una vez en la vida".

"Lo que estoy viviendo es único. Estoy conociendo lugares y gente que jamás pensaría visitar o conocer desde España. Todo, por supuesto, gracias a mis padres. Siempre tengo presente que ellos hicieron esto con la misma edad que yo, pero en unas circunstancias muy distintas", afirma desde Bratislava.

Sus padres, en efecto, también recorrieron media Europa, pero en su caso como emigrantes. Su hija, varias décadas después, sigue sus pasos, pero en un viaje que ahora es de formación, pero también de aprendizaje y madurez. "Pasar diez meses aquí me está sirviendo para vivir con mucho menos y para darme cuenta de lo que realmente importa, sin pararte a pensar en cosas mucho más superficiales".

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