Obras de Alta Velocidad · Una vía a caballo entre el monte y el río

El paisaje se adapta al tren del progreso

Los trabajos del Eje Atlántico siguen imparables, y esto supone una transformación cada vez más evidente en todo el trazado paralelo al, Ulla entre Vilagarcía y Catoira

17.03.2013 | 00:00

Las vías del Tren de Alta Velocidad (TAV) entre la estación de ferrocarril de Vilagarcía y el viaducto interprovincial Catoira-Rianxo van a tener una longitud de algo más de 8 kilómetros. Prácticamente la mitad del itinerario discurre bajo tierra, es decir, mediante diferentes túneles que, en algunos casos, están prácticamente terminados. Ni que decir tiene que todo esto representa progreso, pero las obras también acarrean un cambio visual importante.

El Eje Atlántico para el Tren de Alta Velocidad (TAV) se proyectó con 8,3 kilómetros de longitud entre Vilagarcía de Arousa y Catoira, dotándose la obra con un presupuesto de 126 millones de euros. A esto hay que sumar, con 105 millones de euros más, la construcción del viaducto de 1,6 kilómetros entre Catoira y Rianxo.

En el primer caso, el tramo desde la estación de ferrocarril actual de Vilagarcía hasta el citado puente, en esos 8,3 kilómetros de longitud se incluyen 4,4 kilómetros de trayecto subterráneo, es decir, túneles cuya ejecución requiere de un espectacular e imparable movimiento de tierras.

Esta circunstancia, unida a los desmontes en el conjunto del trazado, la ejecución de vías de servicio y la construcción de muros de contención, puentes o pasos elevados, contribuye a transformar por completo el paisaje, el cual está desde hace años en continua evolución y que cada vez se parece menos al original.

La espectacularidad de los trabajos en el citado tramo Vilagarcía-Catoira resulta especialmente llamativa tanto al principio como al final, sobre todo porque son acciones que resultan mucho más fáciles de ver para el conjunto de la ciudadanía y porque se ejecutan obras verdaderamente representativas, como la nueva "playa de vías" de la estación, en el caso vilagarciano, o el singular viaducto que unirá las provincias de Pontevedra y A Coruña, sobre el Ulla.

Pero en medio, en las laderas de Xiabre y otros montes, tanto en Bamio como en Abalo, hay trabajos igual de llamativos que suelen pasar desapercibidos, ya que no resulta tan sencillo acceder a esos puntos.

En cualquier caso, hay que insistir en la importancia de esta obra y en el significativo cambio visual experimentado en la zona de influencia, pues además de numerosos desmontes y excavaciones ya se ha trazado la base de las futuras vías prácticamente en todo el trayecto.

Un trazado que abandona la red ferroviaria actual en Vilagarcía para avanzar entre Xiabre y el río Ulla, o mejor dicho, entre las laderas del citado monte y la carretera PO-548 Vilagarcía-Pontecesures, paralelo a ésta. Ese itinerario ferroviario serpentea entrando y saliendo de túneles tildados de singulares, tales como el túnel de Quinteiro, con casi dos kilómetros de longitud, el de Valicobas, que tiene 1.335 metros o el de Abalo, de 625 metros de largo. Incluso hay túneles "artificiales" como el de Outeiro, de 560 metros.

Lo que quizás más impacta en el paisaje dentro del tramo Vilagarcía-Catoira son, precisamente, esas excavaciones para trazar dichos túneles, todos ellos de vía doble y provistos de lo que se conoce como "boquillas", que son pequeñas prolongaciones en la parte de entrada y salida de cada túnel para buscar una mayor integración ambiental.

Aunque también llaman la atención, cabe insistir, los trabajos de remodelación de la "playa de vías" y la zona de andenes de la estación vilagarciana, modificándose por completo la cabeza de la estación por el lado de Santiago. Unos cambios, cabe precisar, que se hacen notar también en todo el centro urbano de Vilagarcía, ya que las obras del TAV llevan aparejada la modificación del ramal de enlace al puerto.

En las laderas de Xiabre, pero también en otros montes de Catoira -especialmente en Abalo- y de Vilagarcía -en la zona de Bamio- se aprecian movimientos de tierra realmente espectaculares, como se aprecia en estas dos imágenes, tomadas el miércoles, y como también sucede en el entorno de la laguna catoirense de Pedras Miúdas. Las excavaciones de miles de metros cúbicos de terreno y el trasiego incesante de la maquinaria pesada ofrecen un aspecto totalmente diferente de un entorno natural que hasta no hace mucho era prácticamente virgen. El marrón y el gris de la tierra y las piedras arrancadas al monte y amontonadas en lugares estratégicos para facilitar su transporte -dependiendo de las necesidades- se mezcla en esta época del año con el intenso tono verde de los árboles que rodean las excavaciones.

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