M. MÉNDEZ - O GROVE
Nadie podía imaginar nunca tanta expectación con Emilia y Pardo, los dos burros que alojó el Concello grovense en la isla de A Toxa. Muchos siguieron de cerca su llegada, su adaptación a la lujosa parcela en la que residen, las noticias sobre el supuesto embarazo de la hembra y la triste confirmación de que no estaba preñada.
Pero lo que no podía esperar nadie es que los propios vecinos telefonearan a los servicios de emergencias o enviaran mensajes de texto al teléfono móvil del concejal de Medio Ambiente para anunciar que Emilia está en celo y que ha iniciado una "historia de amor", dicen que idílica, con el joven borrico Pardo.
Ocurrió ayer, cuando numerosos testigos observaron la pasión y desenfreno de los Equus asinus en pleno apareamiento, lo cual constituye "una muy buena noticia para todos porque supone la culminación del proyecto de recuperación de la especie", decía ayer un oficialista Alfredo Bea, el concejal encargado de los animales. Pero de forma más distendida bromeaba diciendo que "esto va a ser fruto de la buena alimentación que damos a los burros el técnico de Medio Ambiente, Francisco Meis, y yo", a lo que añade que han cambiado el pienso que suministran a los animales como aporte energético "y todo indica que el cambio ha sentado muy bien al bueno de Pardo".
Algunos ya hacen sus cálculos y vaticina que este frenesí al que ahora parecen entregados Emilia y Pardo servirá para que pueda nacer Bazán, quizás en noviembre o puede que en octubre, durante la Festa do Marisco.
"Es enorme", decía ayer Alfredo Bea refiriéndose a la expectación levantada por el apareamiento de los burros de A Toxa. "Los vecinos nos telefonean y nos paran por la calle para felicitarnos", presume Alfredo Bea, sabedor del tinte simpático que puede tener todo esto, pero convencido también de que "lo importante es que los burros son una atracción más y estamos ayudando a salvar la especie".