S. REI - VILAGARCÍA
La renovada plaza de abastos de Vilagarcía ya está en funcionamiento. Clientes y vendedores abarrotaron las instalaciones en su primer día de actividad, que coincidió con el mercadillo semanal de los martes. Y pese a la resistencia de algunos placeros a trasladarse, que frenó la puesta en servicio de las instalaciones alrededor de seis meses, la cantidad de clientes que ayer abarrotaba el abasto sirvió para terminar con las reticencias de la mayoría.
Después de la jornada intensiva del lunes, en la que los placeros se dedicaron a trasladar sus materiales a sus nuevas ubicaciones y a dejarlo todo a punto para el estreno del día siguiente, el mercado por fin funciona a pleno rendimiento. Y, salvo pequeños contratiempos, lo hace a gusto de todos.
Los vendedores acordaron antes de las Navidades retrasar la mudanza para no interferir en las ventas de esa campaña, pues temían que con el cambio pudiese resentirse la actividad. Pero, en vista de la cantidad de gente y de la constante actividad que se vivía ayer en el mercado, parece que esas dudas carecían de fundamento.
Los compradores han acogido la apertura con ilusión, y ayer "qué bonito ha quedado" era una de las frases más repetidas en el abasto.
El cambio estético, conseguido con la instalación de grandes paneles de vidrio que dotan de iluminación natural al interior del mercado, ha sido muy bien acogido. Como también el aspecto de modernidad conseguido gracias al nuevo mobiliario, hecho totalmente a base de acero inoxidable.
"La verdad es que ha quedado precioso, me encanta el resultado. La única pena ha sido tener que esperar tanto para poder verla en funcionamiento", explicaba Rita Pazos, compradora habitual de la plaza.
También para los vendedores el cambio ha resultado, en líneas generales, satisfactorio, aunque ayer algunos se encontraban con los primeros contratiempos.
En el sector del pescado, algunas vendedoras criticaban el diseño de los mesados. Al no contar con un orificio frontal a modo de desagüe, el agua del hielo derretido y de la propia mercancía se acumula en los mostradores, que tienen los bordes más elevados para que las cajas no se resbalen. Además, algunos también criticaban el hecho de que los mostradores tengan el frontal cerrado; algo que les obliga a dar toda la vuelta por detrás para poder meter las cajas de mercancía debajo del mesado.
Aunque los vendedores de pescado han sido de los más beligerantes en los últimos meses, pues se resistían a abandonar un ala del mercado que se prevé derribar en la próxima fase de la rehabilitación, ayer la mayoría parecían haber dejado atrás sus reticencias. "Todavía estamos un poco descolocados por el cambio, porque el espacio no es exactamente el mismo que teníamos antes. Pero estamos a gusto", reconocía María Durán.
Aunque la mayoría de los placeros ha optado por iniciar la nueva etapa del abasto vilagarciano con una sonrisa, ayer algunos todavía apuntaban a la disminución de espacio útil que ha implicado el cambio. Lo reconocía Durán, que indicaba que "el sitio no es exactamente el mismo que teníamos antes".
Para las vendedoras de excedentes agrícolas la de ayer fue una jornada casi de fiesta. Estas verduleras vivieron su primer día de ventas a cubierto, pues hasta que se acometa la segunda fase de las obras ocuparán la antigua zona del pescado. "Estoy muy contenta. Poder estar todas juntas aquí dentro es muy bonito, da otra vistosidad a los puestos. Además es mucho más cómodo, porque tenemos nuestra propia mesa para colocar la mercancía", explica Esther Pazos, que no pasa por alto que el traslado las libra de trabajar al frío o bajo la lluvia. "Esta mañana cuando llegamos hacía muchísimo frío. Y aquí dentro estamos resguardadas", reconoce la vendedora.
Las vendedoras de verdura que acuden a la plaza todos los días trabajan desde ayer en la zona central del mercado. Este colectivo protagonizó el lunes un enfrentamiento verbal con la concejala de Mercados, pues teme al estar dentro del edificio las que solo acuden a vender los martes y sábados puedan disminuir sus ventas. Sin embargo, ayer el tránsito de clientes era constante por todas las instalaciones.
Mientras una multitud de clientes no daba tregua a los puestos del piso inferior del mercado, en el de arriba dos continuaban abiertos. Se trata de una tienda de productos ecológicos y de una panadería, que por el momento han preferido quedarse donde estaban. Las condiciones que se les ofrecían en el ala renovada no satisfacen a estos placeros, que han optado por permanecer en sus antiguas ubicaciones en lugar de trasladarse a un mesado abajo.
"Habrá que esperar a ver qué pasa. Obviamente, si vemos que las ventas se resienten, habrá que pensar en moverse. Pero por ahora creo que es preferible confiar en la fidelidad de los clientes, porque estos puestos son más amplios y se trabaja con mucha más comodidad", explica Carmen Pazos detrás del mostrador de su tienda de productos ecológicos.