A. G. - VILANOVA
Serían más o menos las diez de la mañana cuando un vecino de Vilanova, Diego Fragua Agra, subió a la embarcación de la séptima lista que tenía amarrada en las inmediaciones de la plaza de O Castro, justo a los pies de la Cofradía. Llevaba tiempo observando la aparición extraña de pelos por todo su interior, pero no le había dado demasiada importancia hasta que ayer abrió uno de los múltiples compartimentos con los que cuenta la lancha. El susto fue mayúsculo, en el interior de ese compartimento, donde se encuentra la bomba de agua, se encontraban tres nutrias, una madre y sus crías, que se asustaron tanto como él al encontrarse.
La madre saltó hacia fuera y huyó despavorida, pero no así las crías, que se escondieron entre los múltiples recovecos que existen en el interior de la lancha, que desde hacía tiempo se había convertido en su hogar. Fragua. Nada más reponerse del susto, optó por llamar a la Policía Local, y allí se presentaron agentes y efectivos de Protección Civil de Vilanova para ver que se hacía con ellas y esperar al Servicio de Protección de la Naturaleza para que se hiciese con ellas. Los primeros intentos por sacarlas, en los que se llegó a emplear un truel fueron infructuosos, no había forma de dar con los escurridizos animales, por lo que optaron por desistir y aguardar a los agentes del Seprona.
Estos no llegaron, pero si el alcalde, Gonzalo Durán, que ni corto ni perezoso, decidió subirse a la lancha para sacar a los dos mamíferos marinos del interior de la lancha mientras la madre de los mamíferos marinos aguardaba la liberación a una prudente distancia.
Con más intención que cabeza, el alcalde y varias personas revolvieron toda la embarcación hasta que dieron con ellas, pero las nutrias no estaban por la labor de dejarse atrapar y se resistían a abandonar lo que consideraban una vivienda "okupada" a todos los efectos, lanzando algún que otro mordisco al aire y refugiándose en el primer hueco que encontraban.
La lucha estaba siendo intensa y titánica, pero, cansada de la persecución a la que estaba siendo sometida por hasta cinco personas, una de las crías se las arregló para escabullirse entre las manos y los pies de todos los presentes, llegar al agua y huir como alma que lleva el diablo. Más complicado fue sacar a la otra, que optó por un buen refugio a cubierto, aunque finalmente, no le quedó otra que acabar dejando lo que habían convertido en su hogar varios minutos después que su hermana.
Durante toda la escena, la platea en la que se convirtió el paseo marítimo no dejaba de reírse y de meterse con los cazadores, especialmente con el alcalde, al que muchos le aludieron los comicios que se celebran mañana. Por lo menos, la buena noticia, es que la presencia de nutrias en la zona indica que las aguas se encuentran en perfectas condiciones.