REDACCIÓN - VILAGARCÍA
Un ramo de flores recuerda en Vilaxoán el aniversario del atropello mortal del joven atleta Guillermo Renda que fue alcanzado por un turismo que se subió a la acera por la que él hacía deporte con un amigo.
Renda ha sido la última víctima mortal de un atropello en la ciudad de Vilagarcía y supuso el colofón de una larga estadística de arrollamientos de peatones y que llevó a las autoridades municipales a tomar medidas para corregir una lacra que fue especialmente dura en 2008, con cinco muertos en medio centenar de accidentes de esta naturaleza.
La muerte de Guillermo Renda fue especialmente sentida en Vilagarcía, ya que el joven corría por una acera cuando un turismo Mini conducido por una joven novel le arrolló de forma inesperada en una maniobra que todavía no tiene fácil explicación.
La contrapartida es que hace ya un año que en Vilagarcía no se producen graves atropellos. Se cuentan con los dedos de la mano y los que hubo han tenido resultados muy leves.
Ello es consecuencia de todas las medidas que, aunque tarde, se aplicaron en las calles de la ciudad, además de las campañas de concienciación tanto escolar como ciudadana que se han acometido.
La elevación de los pasos de peatones, la colocación de cámaras en estratégicos puntos, la retirada de obstáculos que dificultan la visibilidad en los pasos de peatones, así como una mayor vigilancia policial, han normalizado una situación que se convirtió en comentario a nivel nacional.
Y es que en Vilagarcía se producían accidentes con peatones de forma demasiado frecuente para ser una ciudad de menos de 40.000 habitantes.
Aunque los conductores tienen la mayor parte de la culpa, no se puede olvidar que los peatones también incumplen demasiado frecuentemente las normas, lo que coadyuva ese mayor riesgo.
No se puede olvidar que en el último Plan de Mobilidade, encargado por el Ayuntamiento de Vilagarcía, se pone de manifiesto que cada día utilizan las calles de la localidad más de 50.000 coches diarios, lo que da idea del volumen de tráfico existente y el constante peligro al que se enfrentan los peatones, muchos de los cuales cruzan también sin mirar.