A. G. - VILANOVA
Nunca es tarde si la dicha es buena. Esto es lo que deben pensar los amantes del fútbol en Vilanova al contemplar como las gradas del campo de fútbol de O Terrón comenzaron a levantarse la pasada semana. No es para menos, su construcción ha tenido que aguardar cuatro años y todo porque Concello y el anterior gabinete de la Xunta no eran capaces de entenderse, interpretando a su manera la Lei de Protección do Litoral.
Allá por 2006, el Concello comenzó a gestar la zona deportiva de O Terrón, un proyecto que vendría a paliar las importantes carencias en infraestructuras de esta índole en el municipio. Piscina, escuela de deportes náuticos, y sobre todo, campo de fútbol, formaban parte de un proyecto muy ambicioso que tenía un problema en el que no se reparó en el inicio: estar dentro de los 200 metros de protección marítimo terrestre.
Ahí comenzó el conflicto. La Dirección General de Urbanismo entendió que el campo de fútbol no podía ejecutarse en ese lugar ya que dañaría un paraje natural, mientras el Concello argumentaba que era una fórmula para recuperar una cantera y poner en valor, precisamente, ese entorno natural.
Meses de tiras y aflojas, con pleno polémico incluido en el que los integrantes de la Escola de Fútbol Base y el grupo de gobierno conservador cargaron tintas contra el portavoz socialista en el Concello, Rodrigo Santiago, acabaron con la construcción del campo, pero sin gradas, ni vestuarios, ni cierre, ya que el departamento de Urbanismo no estaba dispuesto a consentir la instalación de elementos fijos dentro de esa zona de protección.
El campo se quedó sin gradas, recurriendo para solventar la situación de los vestuarios a unas casetas de obra, mientras el recinto se rodeaba con elementos vegetales, permitidos por la legislación. De todas formas, el Concello nunca renunció a la construcción de estas gradas para contar con un campo en condiciones que substituyese al obsoleto campo de As Sinas.
El permiso tardó más de tres años, pero llegó recientemente, lo que permitió al Concello recibir una importante aportación económica de la Diputación, ente que ya financió la instalación del césped en su día, para completar la obra. Las gradas, que cuentan con cimentación, serán móviles, es decir, con estructura metálica pero lista para ser retirada en caso de ser necesario, nada que ver con los muros de hormigón, ladrillo o piedra utilizados en otros campos de fútbol del municipio. Ahora quedan pendientes los vestuarios, ya que los jugadores de la Escola de Fútbol Base y los equipos visitantes se ven obligados a utilizar las casetas de obra que comienzan a notar el paso de los años. Una posibilidad para estos vestuarios era la de ubicarlos en la futura Escola de Deportes Náuticos, instalaciones que tampoco gustaban al anterior gobierno bipartito de la Xunta y que quedaron paralizadas.