M.M. - VILAGARCÍA
Un gallo vivo no es fácil de vender, y eso que tenía buena pinta y el precio de partida eran cuarenta euros. Lo que sí tuvo más salida y aceptación fueron los productos típicos del carnaval, como las cacheiras, chorizos y lacones, que a la postre están tan buenos como el gallo y no requieren tanta preparación... o por lo menos no es necesario desplumarlos.
El pabellón polideportivo del barrio vilagarciano de A Torre acogió ayer las tradicionales "Poxas de San Miguel", en las que decenas de personas se divierten durante horas compitiendo para quedarse con los mejores productos al precio más económico posible. Hay que tener vista, pues unos chorizos que en una puja cuestan 18 euros pueden superar los 30 en la siguiente, dependiendo de la competencia que exista entre el público.
En cualquier caso si en algunos de los artículos se dispara la cantidad final abonada tampoco pasa nada, porque al fin y al cabo de lo que se trata es de recaudar fondos para organizar las mejores fiestas posibles en honor a San Migueliño, ese que tal y como relata la canción está "sempre co demo debaixo do pé".
Paraguas, mantas, juegos de cama, quesos, televisores, tostadoras, cafeteras, lotes de productos de limpieza, sillas de coche infantiles... el pabellón se convirtió en un gran bazar gracias a la comisión de fiestas y la Asociación de Veciños A Golpelleira, que suman estas "poxas" a la venta de lotería, a la organización de cenas y bailes, a la realización de excursiones, al sorteo de cestas y jamones y, en definitiva, a todo tipo de acontecimientos con los que sacar "unos eurillos" para, poco a poco, recaudar lo suficiente para pagar a las mejores orquestas y celebrar la fiesta de San Miguel llegado el mes de septiembre, cuando llega la vendimia, que para eso es "santo das uvas".
Ayer, por ejemplo, algunos pudieron llevarse a casa unos buenos lotes de chorizos y lacón por apenas 20 euros, al igual que una cacheira de cinco kilos y un kilo de chorizos por el mismo precio. No faltaron las hojas de bacalao, muñecos y juguetes para los más pequeños, alfombras y otros muchos artículos por los que pudieron pujar no sólo los residentes en A Torre, sino todos aquellos que quisieron asistir, y de hecho se notó la presencia de ciudadanos llegados desde otros puntos de Vilagarcía e incluso de otros municipios. Y por si fuera poco hubo chocolatada para todos los presentes y se anunció que el pago puede aplazarse hasta septiembre.