M.G. - VILAGARCÍA
"Hubo una catástrofe en Haití, pero yo estoy bien". Este escueto correo electrónico fue la primera señal de vida que el vilagarciano Ignacio Hernández García, de 43 años de edad y policía nacional de profesión, pudo comunicar a su familia poco después del terremoto que devastó el país caribeño el pasado día 12. A pesar de la tragedia, y de que compañeros suyos están desaparecidos, él resultó afortunado y, ahora, cada vez que puede, intenta comunicarse con sus padres en Vilagarcía para tranquilizarlos; algo difícil después de ver las noticias que llegan sobre la tragedia.
Ignacio Hernández García ama su profesión que inició en la Guardia Real para pasar a prestar servicio en la Policía Nacional, cuerpo al que pertenece en la actualidad, pero sus destinos siempre estuvieron lejos de Galicia pues es "cooperante".
Sólo al principio realizó sus prácticas policiales en la comisaría de Vigo. Actualmente está adscrito a la Unidad Central de Intervención de la Policía Nacional, con sede en Madrid, desempeñando su función en la sede de la ONU, en la capital haitiana, Puerto Príncipe.
Este año pudo disfrutar de unas placenteras vacaciones con su familia en Vilagarcía, reencontrándose también con amigos, durante las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes y el día 8 regresó a Madrid para recibir órdenes en la Unidad Central de Intervención de la Policía Nacional y viajar rumbo a Haití el lunes para reintegrares al trabajo.
El día 12 comenzó su trabajo en jornada de mañana en la sede de la ONU; una rutina que desarrollaba cotidianamente desde hace unos dos años aproximadamente. Terminó su turno y volvió a su casa.
Fue relevado por su compañera Rosa Crespo, desaparecida entre los cascotes de la sede de la ONU. Sobre las cuatro de la tarde llamó a sus padres, en Vilagarcía, para comunicarles que había llegado bien del viaje. Dos horas más tarde se producía el terremoto de 7,3 en la escala Richter, que asoló al país caribeño, especialmente la capital, Puerto Príncipe.
Ignacio Hernández, según relata su hermana Felisa, estaba a punto de ir al gimnasio cuando se produjo la sacudida del terremoto que destruyó el país latinoamericano. Su primera reacción fue salir a la calle para enviar a una de sus hermanas, residente en Francia, un escueto correo electrónico indicando que había ocurrido una catástrofe en Haití, pero que él estaba bien. Sin embargo, las malas noticias sobre Puerto Príncipe llegaron antes de que la familia pudiera saber de este mail, que leyeron a la mañana siguiente.
Por la tarde, los padres recibieron una escueta llamada de Ignacio confirmando que se encontraba en buen estado.
Desde el terremoto la familia no tiene medios para comunicarse con él por lo que espera con ansias la escueta llamada diaria que hace a sus padres a la hora que puede.
Su hermana Felisa reconoce que Ignacio es muy reservado y poco habla de su trabajo. Además las llamadas son muy breves dada la situación que se vive en Haití. Por ello sólo saben que se encuentra bien y que su trabajo es patrullar por Puerto Príncipe.