FÁTIMA FRIEIRO - VILAGARCÍA
Después de una semana de movilizaciones, encierros y nerviosismo de las partes implicadas, parece que Alfageme va a tener una solución pronta, sea para bien o para mal. Representantes sindicales se reunían ayer a última hora de la tarde con responsables del Igape para conocer de primera mano qué va a pasar con la empresa conservera y, sobre todo, por el futuro de las más de 400 familias que dependen directamente del grupo liderado por la familia Lago.
Una llamada a media mañana de la Xunta de Galicia sorprendió a los responsables sindicales que se desplazaron hasta Santiago para conocer el resultado de las negociaciones.
Y es que a estas alturas en el conflicto de Alfageme han entrado más partes de las que "a priori" se aventuraban. Mientras que el grupo empresarial Nueva Rumasa anunciaba ayer su intención de comprar la mayoría de las acciones de Alfageme, fuentes extraoficiales confirmaban ayer que el grupo de Ruiz Mateos no es el único interesado en una conservera que tiene marca en el mercado y una importante demanda. El hecho de que Nueva Rumasa haya confirmado que esta misma semana visitará al propietario del grupo, Juan Lago, ha supuesto un revulsivo para la situación de una empresa que agoniza y cuyo estado está en situación de "parálisis" desde hace muchos días.
La guerra de las negociaciones está estancada en el hecho de que Caixanova no pondrá el dinero sobre la mesa mientras que la familia Lago no abandone la mayoría de las acciones que posee en el grupo, un punto al que el propietario pone como condicionante una contraprestación de veinte millones de euros.
Sindicatos y trabajadores de las tres fábricas afincadas en O Salnés se niegan a abandonar las medidas de presión con las que pretenden alargar la vida de una empresa que parece estar abocada al cierre.
Es por ello que insisten una vez más en poner en marcha el Plan de Viabilidad firmado hace unos meses y que, según los sindicatos, es un modo de garantizar la continuidad de la productividad en el grupo.
Lo cierto es que las negociaciones han cambiado de rumbo varias veces a lo largo de la última semana y las noticias extraoficiales que se desprendían de los encuentros telefónicos sumían aún más en la desesperación a los trabajadores que, en todo este conflicto, continúan siendo el eslabón más débil de una cadena que sólo puede ser reforzada con dinero. A día de hoy ninguno de los operarios ha ingresado ni un solo euro de las tres nóminas pendientes.