MANUEL MÉNDEZ - O SALNÉS
El fuerte temporal de viento dejó a su paso por la ría de Arousa importantes daños materiales y una sensación de pánico entre buena parte de la población. Muy pocos recuerdan haber vivido algo semejante y muchos comparan lo sucedido con episodios como los protagonizados por los huracanes Klaus y Hortensia.
Si la oleada de incendios y las inundaciones arrasaron O Salnés, los municipios del Ullán e incluso Barbanza en 2006, lo mismo hicieron ayer vientos huracanados de hasta 160 kilómetros por hora, que se cebaron especialmente con este territorio entre las dos y las cuatro de la madrugada.
Causaron estragos tanto en tierra como en el mar, donde hay que hablar de toneladas de mejillón perdidas tras el desprendimiento de cuerdas, una veintena de bateas a la deriva –algunas de las cuales son casi irrecuperables después de haber encallado en tierra firme– y decenas de barcos, de todos los tamaños, hundidos, varados sobre la costa o con el casco o los motores destrozados después de haber embestido entre si o contra las rocas.
Sin salir de la ría hay que hablar también de aparejos que permanecían calados en el agua y se han perdido para siempre, pantalanes rotos y rampas hundidas o inutilizables después de haber sido engullidas por el embravecido mar.
En tierra firme hay daños allí por dónde se mire. Están, entre otros, los sufridos en viviendas particulares y edificios públicos que se quedaron sin luz o registraron bruscos cambios de tensión que, a la postre, estropearon electrodomésticos. Como también hay inmuebles que perdieron total o parcialmente sus tejados –esto obligó a suspender la clases en la escuela infantil de Cambados– o que vieron como el viento arrancaba canalones, ventanales, antenas e incluso chimeneas.
A todo ello se suman los tramos del tendido eléctrico y telefónico dañados por la caída de postes o de árboles, invernaderos arrancados literalmente por el viento –al igual que marquesinas de autobús–, señales y carteles publicitarios tirados sobre la calle, muros derribados sobre las aceras y algunos coches, establecimientos públicos que perdieron sus toldos o rótulos y un largo etcétera de contratiempos.
Lógicamente, el paso de los vientos huracanados por la comarca provocó enormes problemas en la circulación rodada, aunque afortunadamente las consecuencias no fueron trágicas, ya que lo peor se vivió de madrugada, con las carreteras prácticamente vacías.
Aún así se contabilizan varios accidentes por la colisión entre coches y árboles tirados sobre diferentes calzadas, algunas de las cuales estuvieron cerradas al tráfico durante horas. Es el caso, por ejemplo, de la carretera comarcal que une Vilagarcía con Pontecesures, cerrada entre las dos de la madrugada y las siete de la mañana como consecuencia de la gran cantidad de pinos y eucaliptos que habían caído sobre la plataforma de rodadura, especialmente en Bamio (Vilagarcía), Catoira y el conocido como Alto de Cordeiro.
Entre las carreteras cortadas hay que citar también la que conduce desde Vilagarcía hasta el puerto de Vilaxoán, después de que el mar arrancara parte del muro de contención.
Otra de las consecuencias llamativas que deja el temporal de viento es el cierre obligado de varias empresas, ya que la carencia de energía eléctrica les impedía trabajar. Ocurrió, sobre todo, en las industrias ubicadas en la subida de Siradella (O Grove).
A todo esto hay que añadir contenedores de basura esparcidos por las calles o macetas, tejas, uralitas, farolas del alumbrado público y andamios tirados sobre las aceras. Al igual que se repitieron inundaciones de viviendas y bajos comerciales, ya que el viento, antes y después, estuvo acompañado de intensas precipitaciones.