F. FRIEIRO - VILAGARCÍA
Varios vecinos de Guillán instan al gobierno local a que medie cuanto antes en la resolución del conflicto que, desde hace ya unos meses, enfrenta a tres asociaciones por el uso de la casa da cultura. El asunto implica desde hace tiempo a la asociación de Mulleres Rurais, al colectivo Fonte Fría y a la agrupación Treboada que no acaban de ponerse de acuerdo en los horarios para poder llevar a cabo sus respectivas actividades. En un primer momento el concejal de Cultura, Xosé Castro Ratón, mantuvo varios encuentros con los representantes de las tres partes en lid para solucionar un problema que ahora parece estar enquistado.
Lo que al principio parecía simplemente un malentendido ha tomado un giro inesperado y son muchos los vecinos de Guillán que comentan que incluso se ha engañado directamente al concejal sobre el programa de las actividades que realizan en las horas que se ocupan. Los días más anhelados por los colectivos son aquellos que se encuentran fuera del horario escolar y, sobre todo, los más cercanos al fin de semana.
Enfrentamientos
Lo peor del asunto es que el malestar por el uso del local social ha derivado en una brecha vecinal para la que el Concello parece tener la última solución. En principio, Xosé Castro Ratón intenta mediar en el asunto al ser el encargado del área municipal de Cultura y teniendo en cuenta que es este departamento el que gestiona directamente este tipo de locales.
De todos modos, algunos de los miembros de los colectivos implicados insisten en que si la situación no se soluciona deberá ser la propia alcaldesa, Dolores García, la que tome cartas en el asunto
Algunos de los implicados insisten en que la solución pasa por analizar detenidamente las actividades que realiza cada uno de los tres colectivos, con qué tipo de gente (si son niños hay que tenerlo en cuenta para evitar el horario escolar) y en qué medida están organizados directamente por la propia asociación. A partir de ahí se establecería una especie de reglamento de régimen interno que debería ser seguido estrictamente para evitar más fricciones entre las tres asociaciones.
En principio, ninguno de los colectivos ha hecho pública su negativa a seguir buscando un consenso, aunque el malestar es palpable en Guillán donde se habla incluso de “mentiras” y de “engaños” con la finalidad de perjudicar a otras partes. Un asunto cuya pelota parece estar ahora en el tejado de Ravella.