M.G. - VILAGARCÍA
La vida placentera en una vivienda unifamiliar tiene muchas ventajas, pero también acarrea problemas, dado que los vecinos no son suficientemente numerosos para hacer llegar sus reivindicaciones a las Administraciones cuando éstas, por su cuenta, deciden retirar servicios. De este problema pueden hablar los vecinos de la calle Veiga do Valo, en la parroquia de Cornazo, del término municipal de Vilagarcía.
Los habitantes de esta zona recibieron la correspondencia sin ningún tipo de problemas durante años, hasta que comenzó a construirse en las inmediaciones una urbanización privada de chalés denominada "Burgonova".
A partir de ahí comenzaron los problemas. El cartero que hace el reparto en la zona dejó de llevar a las casas la correspondencia. Los vecinos afectados se ven obligados a bajar periódicamente a la oficina de Correos de Vilagarcía para reclamar sus cartas.
Tras presentar la pertinente reclamación por la retirada del servicio domiciliario, en la Oficina de Correos les contestaron que el cartero no podía llevar la correspondencia a la calle Veiga do Valo porque el vial carece del cartel identificador que debe instalar el Concello de Vilagarcía y por lo tanto no tiene obligación de saber el nombre de dicha calle.
Aunque la respuesta de Correos fue poco convincente, los vecinos afectados optaron por dirigirse al Concello de Vilagarcía de Arousa para solicitar la instalación del pertinente letrero con el nombre de la calle para que el cartero no se pierda. Primero hicieron la reclamación de forma verbal, pero al ver que los meses transcurrían sin la instalación del reivindicado cartelito, uno de los afectados volvió a las dependencias municipales, esta vez con un escrito que cursó a través del Registro Municipal.
La misiva vecinal fue sellada por el funcionario del Registro Municipal el día 24 de julio de este año, pero a día de hoy ni hay respuesta oficial, ni se colocó la placa con el nombre de la calle. Así el cartero sigue teniendo coartada para no llevar la correspondencia a los domicilios, a pesar de que Correos cobra un timbre por cada carta con el compromiso de llevarla a su destinatario.