FÁTIMA FRIEIRO - VILAGARCÍA
Buscar lo tradicional y conseguir el equilibrio perfecto entre la calidad y la cantidad. Esa es la premisa utilizada por la mayor parte de los restaurantes de Vilagarcía que buscan un nicho de mercado en el conocido como "menú del obrero", una opción económica para aquellos obligados a comer fuera de casa por motivos laborales y cuya nómina no alcanza para inversiones elevadas.
Hasta hace unos años, la capital arousana adolecía de restaurantes y bares reconocidos que ofreciesen una carta apta para todos los bolsillos y, sobre todo, para todos los paladares. Pero la situación ha cambiado. Aprovechando la actividad en el sector servicios y en el ámbito empresarial, los hosteleros han sabido adaptarse a la coyuntura para ofrecer aquello que los clientes le piden: calidad a bajo precio. Y no defraudan.
En la capital arousana se puede optar a un plato casero por 5 euros (eso si, un solo plato y con postre o café) o, si se es más sibarita, alcanzar menús de hasta 17 euros el plato.
En general, los establecimientos ubicados en las zonas más transitadas (como A Baldosa, Méndez Núñez y calles aledañas) mantienen un precio estable en cuanto al plato del día (entre 7,50 y 8,50 euros) con la finalidad de no caer ni en la competencia desleal ni en la guerra de precios que, según los hosteleros de la zona, "no beneficiaría a nadie en absoluto".
Es por ello que, sobre todo en este enclave más céntrico, la verdadera lucha por la clientela se disputa en puntos como los medios menús, la atención personalizada, la diversidad en los platos ofertados e incluso agasajos como la cantidad de postre o la calidad del café. Elementos que parecen minucias en un primer momento, pero que suelen ser determinantes para la elección del restaurante por parte de un cliente exigente que busca lo mejor para el bolsillo.
Así pues, y dejando de lado los tradicionales platos combinados, los restaurantes optan por ofertar guisos, sopas o caldos como primero para abrir a un segundo con prioridad para la carne asada, el pollo al horno, los jureles o el salmón ahumado.
Y es que es increíble como en menos de cinco metros cuadrados puede cambiar la nomenclatura de la misma comida e incluso su presentación. Mientras que en algún local la especialidad es el pollo "al ajillo", en otros optan por un más exquisito pollo "al caramelo", un riesgo para aquellos que prefieren comer sólo lo que conocen y una invitación sugerente para los más atrevidos del paladar.
Y es que a la hora de elegir entran en juego elementos como la bebida, el postre, el café o incluso el pan que no está incluido en todos los menús.
Eso sí, lo que todavía no han explotado los establecimientos vilagarcianos es eso de ofrecer menú en el fin de semana. Ahí prefieren explotar lo típico: el bocadillo de jamón asado y queso o la tapa de tortilla y calamares que gusta a todos y, sobre todo, sale mucho más barato y menos trabajoso. Por algo menos de cinco euros, seguro.