MANUEL MÉNDEZ - AROUSA
La gabarra que en enero encalló sobre las rocas del Cabo Corrubedo, en el municipio arousano de Ribeira, está siendo despiezada a manos de dos "chatarreros" de Lugo que esperan obtener alrededor de 700 toneladas de hierro.
Se trata de una embarcación rusa que hace diez meses estaba siendo remolcada por un barco danés, que trataba de trasladarla desde Sevilla hasta Rusia. A la altura de la boca de la ría de Arousa ambas naves fueron sorprendidas por un virulento temporal de viento que hizo que se rompiera el sistema de remolque que las unía, motivo por el cual la gabarra fue llevaba por el oleaje hasta una zona rocosa de imposible acceso.
Los daños fueron importantes, pues el casco de la vieja gabarra sufrió numerosas roturas. Durante meses se estudió la posibilidad de tratar de reflotarla, pero finalmente se descartó esta opción porque resultaba más costoso sacarla de allí y reconstruirla que construir una gabarra nueva.
Fue entonces cuando los representantes legales de la gabarra, una empresa de capital vasco y gallego con sede en Vigo, decidieron efectuar el desguace. Y en ese instante entraron en escena Oliver Arnau y José Luis Barca, los dos vecinos de Lugo que desde hace una semana se ocupan del despiece del barco siniestrado e incrustado en las rocas de Corrubedo.
Un mes
Calculan que emplearán alrededor de un mes en retirar completamente todos y cada uno de los hierros y piezas de esta embarcación.
Y en ese plazo deben, también, afrontar la regeneración del espacio natural en el que encalló, pues se trata de una zona de gran valor ecológico y paisajístico "que debemos dejar en perfectas condiciones y devolver a su estado original, incluso plantando hierba para recuperar el lugar por el que tuvimos que abrir las pistas de acceso hasta la nave", explica Oliver Arnau.
Después serán los técnicos los que acudan a la zona, la supervisen y, si procede, den su visto bueno a la regeneración.
El proceso
"Hemos empezado el trabajo hace unos días y ya retiramos una de las dos grúas que había a bordo de la gabarra –indica Arnau–, por lo que ahora nos queda la otra y todo el despiezado interior, que hay que realizar poco a poco y entre enormes dificultades".
Tanto él como su socio calculan que "del despiece de la gabarra podríamos obtener alrededor de 600 toneladas de chatarra, por eso creemos que el volumen bruto final, una vez incluidas las grúas, será de unas 700 toneladas".
La Expo de Sevilla
Mientras utilizan el soplete y trasladan las piezas que van sacando, todo ello en medio de un fuerte temporal de viento que hace que las olas golpeen con fuerza en el litoral ribeirense, los encargados del despiece explican que "esta gabarra funcionó como draga, y parece que incluso estuvo trabajando en Sevilla, eliminando restos del fondo marino para dejar en perfectas condiciones los canales de la Expo".
Pero ahora aquella embarcación sólo sirve, como queda dicho, para chatarra, un material cuyo precio de mercado oscila mucho entre unos lugares de España y otros, y también dependiendo de la época del año de que se trate. "Actualmente se paga a muy bajo precio, pero a principios del año, y en 2008, alcanzó unas tarifas muy altas", esgrimen los desguazadores de Corrubedo. "La media puede oscilar entre 80 y 150 euros por tonelada", apostillan.
En su caso prefieren no desvelar los términos del acuerdo alcanzado con la empresa responsable de la gabarra, y evitan hacer estimaciones sobre la cantidad final que pueden obtener por el hierro vendido, pero lo que sí tienen claro es que los gastos "son enormes, y a veces incluso se agravan con episodios excepcionales o imprevistos.
Un ejemplo de ello es lo ocurrido la semana pasada, cuando unos desconocidos accedieron al lugar en el que se efectúa el despiece y realizaron un importante robo de material.
En un todoterreno
"Vinieron en un todoterreno y se llevaron el equipo de corte, botas, fundas, guantes y todo tipo de material que usamos para realizar el desguace", lamentan los vecinos lucenses, que valoran las pérdidas en cerca de 4.000 euros y dicen que lo sucedido "nos hizo perder tres días de trabajo".
En cualquier caso aún confían en la rentabilidad de esta operación, mediante la cual se eliminan los restos de una vieja e inservible embarcación que afeaba el entorno y se trasladan a empresas de fundición que, en cierto modo, vuelven a dar vida al hierro ahora oxidado mediante la elaboración de muy diversos artículos.
"Es un trabajo muy duro y muy complejo que, desde luego, no nos ayudará a hacernos ricos, pero ganamos para vivir y tratamos de hacerlo de la mejor manera posible", termina Oliver Arnau.