MANUEL MÉNDEZ - AROUSA
El sector mejillonero gallego atraviesa una grave crisis. Pero no es algo nuevo, sino que se arrastra desde hace ya muchos años, quizás décadas. La fragmentación organizativa, originada por las continuas guerras de poder y de precios, han abocado a los productores a una situación casi desesperada. La gota que colmó el vaso fue lo sucedido el año pasado, cuando los intentos de monopolizarlo acentuaron la herida abierta y arruinaron las campañas de 2008, 2009 y, quizás, 2010.
De ello se habló ayer en sede parlamentaria, donde el director xeral de Competitividade e Innovación Tecnolóxica, Juan Carlos Maneiro Cadillo, reconoció que el sector bateeiro "atraviesa su peor momento" como consecuencia de diversos errores, entre los que citó los intentos por imponer –con piquetes, huelgas y presiones– la Plataforma de Distribución del Mejillón Gallego (Pladimega). Pero cuando habla de errores del pasado se refiere también al apoyo que el anterior gobierno bipartito de la Xunta dio a aquellos movimientos por mediación de la ex conselleira Carmen Gallego.
"Tienen tanta o más responsabilidad que el propio sector aquellos que desde la anterior Xunta alentaron la creación de Pladimega y fueron incapaces de reconducir la situación", espetó Juan Carlos Maneiro Cadillo en su intervención en la Comisión 8ª de Pesca e Marisqueo.
Este veterano especialista del sector, y buen conocedor de los secretos que encierra la mitilicultura, cree que es momento de reconducir la producción, y eso pasa por evitar errores del pasado y respaldar a un colectivo que, a pesar de las potencialidades que tiene a su alcance, "está enredado en una guerra de precios permanente y tiene una estructura muy debilitada".
Como prueba de ello citó tanto los precios en algunos casos ridículos que se pagan en origen por el mejillón como los desfases sectoriales y organizativos, de tal forma que el mejillón de determinadas zonas tiene un éxito comercial que ni de lejos pueden alcanzar otras.
Dicho esto, las intenciones de Mar pasan por colaborar con el sector productor, incluso "favoreciendo las vías de diálogo" entre los productores y la industria transformadora (cocederos y conserveras). Un diálogo, por cierto, truncado a raíz de los conflictos vividos en los muelles el año pasado, cuando aparecía en escena la ya desaparecida Pladimega.
Por lo demás, Mar apela a las reglas del libre mercado y la libre competencia en una sociedad globalizada cuando el BNG le pide que frene las importaciones de mejillón para industria.