C.G. - PONTEVEDRA
"Vi dos sombras, pensé que me iban a pegar a mi y respondí con el cuchillo". Así relató Antonio Pouso Aído, el vecino de Vilanova de 22 años acusado de matar de una puñalada a un joven de A Illa de Arousa, el momento crucial en el que acabó con la vida de Christian Willisch Diz, quien entonces contaba tan sólo con 18 años de edad. Lo relató ante el jurado popular que lo juzga desde ayer en la Audiencia de Pontevedra por la muerte de este isleño en la madrugada del 8 de septiembre de 2007, cuando una noche de marcha con enfrentamientos entre dos grupos de jóvenes acabó en tragedia.
La primera jornada de juicio sirvió para constituir el jurado que emitirá el veredicto, y escuchar el testimonio del principal acusado, para quien el fiscal solicita una pena de 15 años de prisión por un delito de homicidio, petición de condena que la acusación particular eleva a 20 años por asesinato a los que hay que sumar otros 4 años por dos delitos de amenazas. Ayer también se pudo escuchar la declaración de los otros dos acusados, Abraham Rey Alonso y Roberto Millán Mariño, para quien el Ministerio Público solicita una pena de 3 años de prisión por encubrir un delito de homicidio. La acusación particular, sin embargo, no formula ningún cargo contra estas dos personas.
La versión de los hechos que dio ante el jurado Antonio Pouso, conocido como "O Cuco", varió sustancialmente con las primeras declaraciones que él mismo efectuó en sede judicial, tal y como le recordó el propio fiscal. Si anteriormente relató ante el juez instructor que había clavado el cuchillo en el corazón de Christian "al tropezar durante la pelea", ayer reconoció que no fue así, sino que acometió con el cuchillo a la víctima pensando que era otra persona que le había agredido a él inmediatamente antes.
Choque entre pandillas
Tanto "O Cuco" como los otros dos acusados explicaron que el enfrentamiento entre los tres jóvenes de Vilanova y el grupo de A Illa del que formaba parte Christian Willisch comenzó sobre las tres de la mañana en la discoteca Ilusión. Allí, tras un primer choque entre las pandillas, fueron expulsados del local y continuaron con el rifirrafe fuera. Los tres jóvenes vilanoveses decidieron ausentarse y regresaron más tarde porque Roberto Millán les dijo que "él conocía a dos de ellos" y quizás podía poner paz. Asegura Antonio Pouso que fue entonces cuando él se quedó solo dentro del coche y fue rodeado por "5 o 6 tíos de A Illa". Asegura que entonces les mostró, sin apuntarles con ella, una pistola de aire comprimido para amedrentarlos. Un arma que estaba descargada pero que reconoce que podría ser confundida por una pistola auténtica.
Pistola de balines
Alguien del grupo de A Illa avisó a la Guardia Civil y Antonio reconoció que se deshizo de la pistola tirándola detrás de un muro. La presencia de los agentes hizo que los grupos se dispersaran. Antonio dice que decidieron ir al bar A Troula de Vilanova a tomarse un bocadillo.
Unos dos minutos después de que se los sirvieran, relató que en el local entró el grupo de A Illa. Afirma que "6 o 7 tíos se dirigieron a mí, me agarraron por el hombro y me dijeron: ¿Qué pasa ahora maricón?, sin la pistola no te pones tan chulo". En ese momento el dueño del bar les dijo que no quería follones en el interior del local y él y un joven de A Illa se citaron fuera para resolver sus diferencias. Junto a estos dos salieron Abraham, amigo de Antonio, y Christian Willisch, con su compañero de A Illa. A Antonio Pouso le preguntaron entonces por qué razón cogió el cuchillo sí las fuerzas estaban equilibradas, ya que los que salían para fuera eran dos para dos. Él respondió que "yo tenía que pasar por delante de otras cinco personas e iba delante, no sabía cuántos me podían venir detrás".
Luego afirmó que nada más salir por la puerta sintió "un empujón" que le llevó al suelo y que allí le patearon en la cabeza. Asegura que no fue Willisch, la víctima, sino el otro joven de A Illa quien le agredió y que, cuando se levantó del suelo con el cuchillo, era a éste a quien quería atacar y no a la víctima. "No vi nada, sólo sentí un empujón, luego la patada y acometí con el cuchillo a lo primero que vi, un bulto que pensé que era el otro chico. Todo fue muy rápido", declaró.
Los tres reconocen que luego huyeron de Vilanova. Los dos acusados de encubrimiento aseguran que lo hicieron para evitar nuevos enfrentamientos y ante el temor de posibles represalias por parte de los amigos de la víctima. No obstante, aseguran que no sabían que la herida causada fuera mortal. Roberto afirma que ni siquiera estaba fuera sino dentro, charlando animadamente con varios amigos de Willisch, algo que, para la acusación particular, es síntoma de que Pouso no se pudo sentir amedrentado por los de A Illa.