A.M./ U.F. - AROUSA
Para José Radío Varela, un joven de Ribadumia que en enero de 2001 denunció que le habían secuestrado y torturado la casona de piedra registrada ayer por la Guardia Civil fue a su vez paraíso y mazmorra.
El chalé pertenecía ya entonces a un tío segundo suyo, José Lafuente Martínez, que es primo del padre del joven.
Al parecer, Lafuente tuvo que realizar un viaje largo a Colombia, y puesto que le acompañaba su mujer, necesitaba a una persona que le cuidase de la vivienda durante su ausencia. Le encargó esa tarea a José Radío, y durante los meses que pasó en Sisán tuvo la oportunidad de celebrar en el chalé un sinfín de carísimas fiestas.
Según el entorno de Lafuente, el joven se gastó una millonada en esa etapa de lujo y diversión, y la mayor parte del dinero pertenecía al tío segundo. Pero, al regresar Lafuente a Galicia algo se torció entre ellos.
Al parecer, "Pepe" quería viajar a Colombia con José Radío para cerrar un trato relacionado con el narcotráfico, y su plan consistía en dejar al muchacho en Sudamérica como garantía de pago en caso de que la operación saliese mal. Pero Radío se negó.
Lafuente habría optado entonces por dar un escarmiento a aquel joven –entonces tenía 20 años– que había pasado unos meses a todo tren gracias a su "generosidad". Según la primera denuncia efectuada por Radío, su tío segundo y otras personas le llevaron a la vivienda de Sisán en la que antes había disfrutado como un sultán y le encadenaron por el cuello a un pilar del sótano. Después le golpearon en repetidas ocasiones, le aplicaron corrientes eléctricas e incluso le cortaron el tendón de un dedo de la mano con una sierra de marquetería.
Logró escapar en un momento en que sus captores le dejaron solo, al creer que estaba demasiado malherido para huir, y logró hacer los tres kilómetros que le separaban de la residencia de sus padres con una cadena de tres metros colgada del cuello.
José Lafuente Martínez lo negaba todo, y cuando llegó el juicio el denunciante afirmó ante el juez que no recordaba nada. No se retractó de su primera declaración, pero tampoco repitió ante el juez las atrocidades a que le habían sometido.
Poco antes, los acosados de su secuestro le habían abonado 7.000 euros, que era la misma cantidad que solicitaba el fiscal en concepto de indemnización.
Pero a pesar de la falta de memoria de Radío durante el juicio, el tribunal condenó en 2002 a siete años de prisión a José Lafuente por un delito de detención ilegal, otro de lesiones y otro de daños contra la integridad moral.
Su esposa, María Dolores Torres Casal –también detenida ayer en la operación de la Guardia Civil– también se sentó en el banquillo de los acusados, pero al final salió absuelta.
En total, el caso se cerró con seis imputados. La mitad fueron condenados. Junto a Lafuente condenaron a Sergio Carabelos, un joven al que sus conocidos describían como un hombre muy violento, y que murió este año en un accidente, tras salir con unos amigos a dar un paseo en barco hasta la isla de Tambo.
Entretanto, se sucedieron otros oscuros acontecimientos. Así, un día el hombre detenido ayer denunció que le habían entrado en su casa –la misma en que se perpetró el secuestro y que la Guardia Civil registró ayer– y que le habían robado dos coches, varias escopetas y electrodomésticos de gran valor.
Otro día, el padre del secuestrado descubrió que le habían cortado a ras del suelo 300 cepas de vino albariño, causándole unos daños que estimó en unos 30.000 euros. El hombre arrestado ayer forma parte del clan de "Os madeireiros" –así llamados por comerciar con madera–, que lideraba un hermano suyo, Manuel Lafuente Martínez, "Nelo", a quien le cayeron seis años de cárcel por su relación con las once toneladas de cocaína interceptadas en 1999 en la operación "Temple", en lo que fue el mayor alijo de este tipo de droga en toda Europa.
"Nelo" formó parte de la directiva de la comunidad de propietarios de monte de Silván (Armenteira, Meis) y fue uno de los promotores del actual campo de golf del monte Castrove.