M.G. - VILAGARCÍA
La localidad vilagarciana de Trabanca Sardiñeira tiene una vida cultural y social muy activa que en los últimos tiempos se ha visto ensombrecida por la actitud de un grupo de vecinos. La situación, que comenzó por diferencias de criterios sobre un proyecto de la comunidad de montes, ha degenerado en un clima de violencia que es denunciado por siete de las ocho asociaciones que existen en la zona.
Los representantes de la Mulleres Rurais, Asociación Cultural Os Anxos, la Comunidad de Montes, Asociación de Vecinos Trabanca Sardiñeira, Plataforma del Túnel del AVE, Cofradía da Virxen dos Anxos y la Comisión de Fiestas se han dirigido al Concello de Vilagarcía para solicitar que les ayuden a resolver el conflicto que tienen con un grupo de unos 14 vecinos, y que está ensombreciendo el clima de convivencia de esta localidad.
"Todas las asociaciones, menos una que no se ha querido integrar, trabajamos de forma coordinada. Entendemos que puede haber diferencias de opiniones y que se manifiesten, pero dentro de una convivencia y no con vejaciones, insultos y violencia como lo están haciendo. La situación es crítica", expresan los representantes de los colectivos.
Los denunciantes, que el pasado viernes se reunieron con el portavoz del gobierno municipal de Vilagarcía, Marcelino Abuín Duro, aportaron la documentación acreditativa de que todas las asociaciones están legalmente constituidas, desmintiendo de una vez por todas las dudas que los opositores están sembrando en la zona sobre su representatividad.
"Estamos en un momento muy duro porque recibimos constantemente amenazas, insultos y vejaciones por parte de determinados vecinos. Hemos presentado numerosas denuncias en la Policía. Algunos juicios ya se celebraron con resultados condenatorios, pero parece que esto tampoco frena a los violentos", explica al presidente de la Comunidad de Montes.
Además de las actitudes violentas que se expresan de forma directa hacia los representantes de los colectivos sociales y vecinales están los atentados contra el patrimonio personal, dado que reiteradamente aparecen coches rallados y dañados, entre otros desperfectos. Incluso han llegado a cortar en varias ocasiones el cierre metálico del recinto donde están los caballos de la comunidad de montes para hacer que los animales se escapen, lo que además de suponer un coste económico para los comuneros constituye un peligro potencial de que los equinos anden sueltos por los caminos.