A.T.?????? - VILAGARCÍA
El soleado tiempo de agosto y septiembre han conseguido los niveles de calidad más óptimos de la uva albariña. Los dueños de viñedos no ocultaban ayer su satisfacción con el resultado de esta cosecha pese a que no es de las más abundantes ya que la graduación media hace que se atisbe un buen vino.
En las bodegas también se aprecia este optimismo. Los 13 grados de media van a influir en la calidad de los caldos y, en consecuencia, el precio de cada botella que salga al mercado.
Los viticultores se mostraban exultantes pese a que la cantidad de kilos va a ser inferior a la que se produce en los años que se consideran espléndidos. Las bodegas pagan en función de la graduación de la uva y eso puede significar diferencias de "hasta un euro por kilo", reconoce Miguel Tubío de la bodega Martín Códax, una de las más importantes de Rías Baixas.
Emilio Cores Oubiña y José Carlos Cores Chantada, padre e hijo, tienen una finca de seis ferrados al lado de la cooperativa. Ayer por la mañana vendimiaban bajo la sombra de sus saneadas parras y encontraban "pocos racimos, pero muy sanos". Por la tarde esperaban a la cuadrilla que les ayuda a retirar estos días todos los racimos que cuelgan en la bien cuidada finca y que este año les genera unos 4.000 kilos de uva, pero que en 2006, tuvo la friolera de 10.000. "Aquel año rompieron postes de la parra y las ramas no podían con la fruta", recuerdan.
El color dorado de la uva demostraba ya su calidad y que había alcanzado el grado de maduración óptimo. Ese tono ya les da idea del precio que recibirán por kilo pues son conscientes de que superará los 13 o 13,5 grados de alcohol por litro. Y eso significa dinero contante y sonante. Por debajo de esa graduación, según los acuerdos de la mesa del vino, a veces ni se recoge en las bodegas. Por ello no es extraño que los viticultores pidan una segunda prueba de graduación si no se ajusta a lo que ellos piensan.
Así hizo ayer en la bodega cambadesa un joven viticultor que introdujo en Martín Códax un tractor cargado con las uvas "de una finca de mi tía y que no es socia de la cooperativa".
Los técnicos, de forma aleatoria, tomaron muestras de las diferentes cajas y tras el análisis determinan que la uva apenas alcanza los 12,3 grados. El agricultor no cree la medición y pide una segunda, momento en el que el etilómetro sube hasta los 13,2 y por tanto alcanza los niveles de calidad que esperaba.
"La viña de la que procede esa uva está situada en lo más alto del monte, en una finca con una tierra excelente y, sobre todo, muy soleada, por lo que no sería razonable que bajase de 13 grados", señala convencido.
Y es que la entrada en bodega es la prueba de fuego de todo un año de trabajo. "Las viñas no pueden descuidarse ni una semana en el año, porque puede significar la perdición de toda la cosecha", afirma Emilio Cores. Esta familia cambadesa asegura que todas las semanas acuden a la viña para sulfatar "y si llueve hay que hacerlo dos veces". Trabajo no les falta.