MANUEL MÉNDEZ - O GROVE
El delfín solitario más conocido de Galicia, popularmente llamado "Gaspar" pero que en realidad había sido bautizado como "Takuma" y fue entrenado por los marines americanos antes de instalarse en la costa gallega –hace ya casi tres años–, regresó ayer a aguas de O Grove, y más concretamente al puerto de Pedras Negras. Su presencia volvió a convertirse en un espectáculo y una diversión para decenas de curiosos, pero también en un riesgo para las personas y en una amenaza para la flota.
Después de los problemas que ha planteado por acercarse demasiado a los buzos –sus más de 300 kilos de peso pueden causarles problemas cuando los golpea o los arrastra–, ahora resulta que con su ímpetu llega a volcar piraguas, destroza artes de pesca y utiliza el hocico para recoger cualquier tipo de cuerda y "amarrarla" a las hélices de los barcos.
Ayer por la tarde al menos dos embarcaciones sufrieron las consecuencias de esta operación, lo que obligó a intervenir con rapidez a miembros del Grupo de Rescate de Mamíferos Marinos (Gremmar), que hicieron todo lo posible para conducir al delfín mar adentro. A eso de las 17.30 horas habían conseguido que el animal siguiera a una embarcación que se dirigía hacia Ons, pero desconocían cuál podría ser su siguiente movimiento.
Al parecer "Gaspar" llega a utilizar los cabos que cuelgan de las embarcaciones y pantalanes, pero también aquellos que la gente arroja al cetáceo para verlo "jugar", de ahí que sea preciso advertir una vez más, y así lo hacen los expertos, de que no se trata de un juego, no hay que acercarse al cetáceo y está prohibido tocarlo.
En Gremmar creían que "Gaspar" seguiría en Bueu, pero ayer a primera hora de la mañana ya se le veía dentro de la dársena de abrigo de San Vicente do Mar-Pedras Negras, donde poco a poco se fueron congregando los curiosos para seguir las evoluciones del animal.
Algunos no dudaron en lanzarse al agua y zambullirse junto a él –aunque esto resulte extremadamente peligroso–, mientras que otros se subieron a las motos de agua para, de manera inconsciente, tratar de jugar con el delfín a una especie de "pilla pilla", en algunos casos incluso transportando en esas motos de agua a niños de corta edad.
Por momentos el cetáceo parecía asustado, y en otras ocasiones daba saltos y volteretas que incluso arrancaron aplausos entre los espectadores del improvisado show acuático.
Pero, como queda dicho, no se trata de un juego. El animal, que tiene alrededor de 25 años, hace aquello para lo que fue entrenado, por eso cuando quiere coger un palo recurre a las cuerdas o cualquier otra cosa parecida, de ahí que incluso destrozara los palos de numerosos "raños", el arte de pesca empleada por los mariscadores de a flote.
Cuanto más se le presiona más activo está y más problemas causa a bañistas, a los buzos o a cualquiera que esté en el agua. De ahí que Gremmar pida precaución y reclame la implicación de la Administración.