T.A. - VILAGARCÍA
El parque Miguel Hernández acogió en la mañana de ayer una nueva jornada de actividades dentro del programa infantil del "Club dos Superroquiños" que la Concejalía de Xuventude de Vilagarcía organiza con motivo de las fiestas de San Roque.
La concejalía que dirige Ana Lorenzo, estableció ayer una carpa en el parque, donde se llevó a cabo el reparto de carnés y camisetas del "Club de los Superroquiños" por la que sólo hasta el mediodía, habían pasado ya 200 niños.
Todos los pequeños deben acudir con una foto para adquirir la tarjeta de socio del club y conseguir una camiseta, que este año es de color rojo. Los niños que ya obtuvieron su carné el pasado año, deberán llevarlo consigo para renovarlo. Un total de cinco monitores, son los encargados de coordinar las actividades del club de los Superroquiños que se realizan por tercer año consecutivo y que se celebrarán cada día entre las 10:30 y las 13:30 horas, hasta el próximo sábado 22.
Esta nueva edición del club de los Superroquiños comenzó con la celebración de un taller de solidaridad internacional denominado "Por una vida digna, un trabajo decente" en la que los pequeños recibieron explicaciones sobre las condiciones de vida de los niños en otros países no desarrollados y las diferencias sociales que sufren en esos estados, entre otras cosas.
La jornada de ayer estuvo dedicada al taller de chapas, donde los pequeños pudieron plasmar el logotipo del club infantil o el del ayuntamiento, poner su nombre o el dibujo que quisieran, como hizo el pequeño Rubén Navia, de nueve años que asiste a estas actividades por segundo año consecutivo y en las que asegura pasárselo bien. Otra de las actividades realizadas ayer fue una ginkana y otros juegos de animación.
Además, los pequeños del municipio pudieron divertirse en el castillo hinchable montado en el Miguel Hernández para esta ocasión, donde una larga cola de niños dispuestos a saltar y pasarlo bien obligaron a los monitores a realizar una serie de juegos deportivos como el "brilé" para entretenerlos mientras llegaba su turno para subir al castillo. Laura, de sólo dos añitos, fue una de las primeras en poder disfrutar de la atracción.