REDACCIÓN - VILAGARCÍA
"Desde hace un año vivimos en tensión permanente pues sufrimos unas veinte explosiones diarias al lado mismo de nuestras casas. Aquí hay muchos niños y personas mayores que tienen miedo de que pase algo porque los edificios retumban de tal modo que se cae todo lo que guardamos en los armarios", explica María de los Ángeles Jiménez, nieta del fundador, del poblado vilagarciano, Juan Antonio Jiménez, conocido como "El Moreno".
La muerte del palista de Expano, Manuel Vicente Méndez Graña activó ayer las protestas de esta comunidad, integrada por unas cuarenta familias dedicadas básicamente a la venta ambulante y la chatarra.
"Somos muy pacíficos y siempre hemos actuado por las buenas, nunca denunciamos, pero ahora puede comprobarse que hay fallos graves y que la piedra saltó hacia la pala pero pudo haber caído sobre uno de nuestros niños o un vecino", recapacita el marido de María de los Ángeles Jiménez, recién llegado de trabajar en la feria de Vilagarcía.
El colectivo ya había solicitado en varias ocasiones medidas de seguridad pero cree que ahora deben tomarse de forma urgente, pues las voladuras se están realizando a escasos cinco metros de las viviendas.
"Eso de ahí abajo parece un campo minado. Donde colocaron las hierbas está la pólvora y cuando estallan provocan un estruendo que hace que retumben las casas", señala otro de los residentes en este barrio gitano "en el que no existe ni una sola chabola", explican.
Lo cierto es que en la cuarentena de edificios existen huellas de los daños que provocan las voladuras. "Es cierto que se han comprometido a que repararán las grietas o las roturas que se produzcan, pero eso puede llevar mucho tiempo", señalan.
Sin embargo, las reparaciones no forman parte de su principal preocupación pues dicen que la seguridad de los residentes está amenazada, como consecuencia de las obras y "la dinamita".
"No nos han colocado una valla de protección, sólo esa red de plástico anaranjada que indica que al otro lado hay un precipicio de cinco metros de altura y que no protege en absoluto de una caída", explica Jiménez.
Pero a la vez recuerda que al lado mismo de su casa se va a construir un vial de servicio por el que a diario pasan muchos camiones para la obra, que también implican riesgos para los vecinos. "Aquí hay muchos niños a los que les gusta jugar con un balón o ir en bicicleta, por lo que esta situación supone un riesgo que se puede corregir".
Exigen a los responsables de la obra que se pongan en contacto con ellos "porque el jefe vino sólo una vez y no volvió a aparecer para dar explicaciones de lo que que se hace o se deja de hacer".