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ALBA GARCÍA - PONTEVEDRA "Dicen del albariño que esta uva es un vino seco, ácido, amargo, astringente, secante. Tiene la tierra, tiene Galicia, tiene la frescura, lo salado del mar. Es algo único. No se podría vivir sin él". Esta es la respuesta de José María Martínez, miembro de la Asociación Galega de Catadores (AGC), al preguntarle qué diferencia los caldos pontevedreses de otros vinos.
José María Martínez, propietario de una vinoteca familiar desde 1995, es uno de los expertos que ayer participó en la cata organizada por la AGC en la sede que el consello regulador de la Denominación tiene en el Pazo de Mugartegui de la plaza de A Pedreira.
El objetivo de los miembros de la AGC era seleccionar, entre los 114 vinos titulares de la denominación de la última cosecha, los mejores: aquellos a los que se les concedería la distinción "excelencia 2009". Para conseguirla, los vinos tendrían que alcanzar una puntuación entre 90 y 100 en las valoraciones.
El evento contó con la participación de nueve catadores; enólogos y sumilleres miembros de la asociación encargados de valorar visual, gustativa y olfativamente los mejores vinos de la tierra divididos en dos paneles, para después juzgarlos y puntuarlos.
Todo el proceso de prueba y valoración se hace siempre a ciegas. "Los vinos van mezclados. Sólo se les informa [a los catadores de que están probando Rías Baixas, de la añada y de la zona" afirma Luís Padín, encargado de la organización del evento.
"Los enólogos y sumilleres puntúan en base a eso, a un criterio de calidad. Si tiene la calidad, tendrá también la máxima puntuación", añade el organizador de la cita.
Los expertos participantes valoraron positivamente la cosecha del pasado 2008 que, a pesar de las dificultades que afrontó, consiguió un producto final de gran calidad.
Para los entendidos, la cata es una labor delicada, que necesita de esfuerzo y de la máxima concentración para conseguir captar todos los matices de cada vino. "Estás juzgando el trabajo de una persona", afirma José María Martínez. "Con cualquier error estás echando abajo el trabajo de muchas personas".
Distintas catas
Con el objetivo de evitar cualquier tipo de pérdida de las capacidades para valorar los matices de los caldos, en estos eventos no se suelen catar más de sesenta vinos. Sin embargo, esta cantidad puede variar ligeramente en función de los caldos que formen parte de la prueba.
Según José María Martínez, para un catador "no es lo mismo la cata de los blancos que de los tintos, o de los tintos con crianza". Factores como la cantidad de alcohol o el tiempo que lleven en el barril pueden influir en el gusto, dificultando la valoración de los vinos probados a posteriori.
Además, los expertos cuentan con descansos de 20 o 30 minutos aproximadamente entre cada tanda de 20 vinos.
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