J.F. - VILAGARCÍA
"¿Qué va a pasar en mi casa cuando llegue el sueldo de este mes?". Ésta es una de las muchas preocupaciones que expresan los obreros del metal en Arousa que ayer han retornado a sus puestos de trabajo después de veinte días de una huelga que ahora califican como "algo forzada".
Ayer estaban satisfechos con la vuelta a sus puestos de trabajo, después de 20 días de huelga, aunque todavía con el temor de que se cumpla la amenaza de que piquetes de Vigo puedan interrumpir de nuevo su intención de retomar la normalidad.
El dinero, las vacaciones y su estabilidad laboral son las principales preocupaciones de todos ellos, pues entienden que se ha tensado mucho la cuerda y que han provocado pérdidas a sus empresas y también a su economía familiar.
"Con 300 euros no le podemos dar de comer a nuestros hijos. La situación es ya insostenible", explica un obrero de una gran empresa metalúrgica de la comarca que prefiere mantenerse en el anonimato.
Los ánimos siguen al rojo vivo pero creen que todos "hemos perdido demasiado en una huelga que se ha prolongado más de lo debido", explica un fontanero vilagarciano.
La opinión era parecida en otros ramos del sector. "Menos mal que hemos vuelto al trabajo pues no están los tiempos para andarse con tonterías", explicaba un responsable de un taller de chapa y pintura, asentado en el kilómetro cero de las movilizaciones, en la conocida como Recta de Rubiáns.
A otros muchos les precoupa también el hecho de que pueden perder también el derecho a vacaciones retribuidas y que deben disfrutar en julio y agosto. Esperan que los dueños de sus empresas no tomen represalias contra ellos pues en muchos casos "hemos acudido a la huelga por la acción de los piquetes. Fuimos forzados".
Algunas firmas se salvaron de la movilización pues los piquetes en Arousa actuaron principalmente en las grandes empresas como Extrugasa, Hierros Santa Cruz o Hierros Touriño que son las que acumulan un mayor número de trabajadores.
"Aquí hemos trabajado todos los días y los pequeños talleres de los alrededores también", resume el gerente de uno de ellos.
"No estamos cómo para rechazar el trabajo y menos mal que hoy han vuelto todos porque mucha gente había acudido forzada a la huelga", explica.
De todos modos, todos quieren mantener el anonimato. Trabajadores y empresarios temen que la acción de los piquetes de Vigo se traslade a Arousa, que como una isla ha decidido claudicar de una huelga que puede prolongarse en el tiempo.