Pues la verdad es que, dicho sin más demora, lo que sorprende sobre todo en la crítica de los grandes alcaldes hacia las políticas de Vicepresidencia y de la Consellería de Vivenda es que no hagan algo más para llevar a buen puerto su protesta. Cierto que, a través de la Federación de Municipios -que parece cada día menos plural- alegaron a la ley de la señora Táboas, y que algún retoque consiguieron, pero no parece que lleguen ni a eso en lo que al esquema territorial de política social que desarrolla don Anxo Quintana se refiere.
Se debe, la extrañeza, a un dato tan elemental como obvio: lo que hacen lo criticados no es sino parte de una acción de gobierno, y como tal colegiada y sin duda tutelada también por el presidente que, en este caso, es además secretario general del PSdeG-PSOE al que también pertenecen los alcaldes disconformes más significativos. Y lo lógico sería, parece, que orientasen sus protestas hacia el Gobierno todo y no a una parte: tal como lo están planteando da la impresión de que hay en su actitud un contagio notable de las malas -por electoralistas- prácticas propias de estos días.
En todo caso, la actitud del poder local socialista -que halló aliados de conveniencia en el PP, dentro de la Federación- tiene, además, un cariz casi preventivo. Protestan, los alcaldes, además de por las incomodidades de la comarcalización de los servicios sociales que practica el BNG, por el alto valor potencial en votos que tienen esos servicios -y los de vivienda- cuando se consoliden, y tiempo tienen. De ahí que la protesta suene, además, como una especie de advertencia para la dirección del PSdeG-PSOE cara a 2009. Y, si no, al tiempo.
Que algo de eso hay lo demuestra la reacción del señor Quintana, que estuvo duro con los alcaldes socialistas, a los que acusó de aliarse con los del PP para intentar "parar el cambio en Galicia". Un cambio que, entre otros objetivos, debe incluir, porque es algo políticamente lógico, poder real para el nacionalismo; su propio poder y no sólo el delegado a través de su coalición con el PSOE. Parece como si don Anxo se quejase de que los socialistas quisiesen frenar el proceso, y eso dibuja un panorama mucho más delicado que el de las "diferentes sensibilidades" de los socios.
El señor presidente Pérez Touriño hizo ayer frente a las tensiones del único modo que ahora mismo le es posible: templando gaitas. Y es que a tres semanas de las elecciones generales necesita distancia y diferencia con el BNG, que es rival, pero pensando que al día siguiente ha de seguir gobernando con él. Y, a la vez, ha de sujetar a los alcaldes, que por muy suyos -de su partido, claro- que sean pueden resultar incómodos; por eso recordó que hasta ahora procura hablar con ellos sobre lo que les afecta. Pero sabe, don Emilio, que va a necesitar, y pronto, otro Pacto Local, y ésas son, desde hace treinta años, palabras mayores.
¿Eh...?