El inicio de un año sirve, además de para los excesos de rigor en cuanto al consumo alimenticio, para los tradicionales buenos propósitos que todos, en mayor o menor medida, nos planteamos para los próximos 365 días.
Pero hoy muchos vigueses, al igual que otros habitantes de Galicia, tendrán que afrontar la primera jornada laboral del año con un amargo sabor: el aumento -también tradicional por otra parte- de las tarifas de la autopista para viajar desde Vigo hasta Pontevedra, hasta la capital de Galicia o hasta la ciudad herculina, por poner sólo esos ejemplos.
Una situación que no por esperada es menos dolorosa para miles de usuarios que tienen que transitar a diario por los distintos tramos de la AP-9. Un peaje excesivo a todas luces -70 céntimos por recorrer la distancia entre Vigo y la salida hacia Redondela o 2,80 euros por ir hasta Pontevedra- si se tiene en cuenta el servicio que los ciudadanos reciben a cambio. El tramo entre la ciudad olívica y el puente de Rande no se puede considerar ya una autopista, y menos de peaje. Es, como mucho una avenida casi urbana, en la que ni siquiera se pueden alcanzar las velocidades máximas fijadas para este tipo de viales. El intenso tráfico que soporta hace que ese trayecto sea por un vial de dos carriles similar, por ejemplo, a la avenida Arquitecto Palacios. Y, por si fuera poco, el usuario que paga religiosamente el peaje, puede perder el tiempo que haya ganado en el recorrido al llegar a las cabinas de Vilaboa, donde las colas son casi siempre muy importantes.
De la misma forma que en su día alguien se dio cuenta del absurdo del peaje para O Morrazo, lo mismo se puede plantear para Pontevedra. Podría ser un buen propósito para este año.