Los primeros escalatorres de rojo aparecen colgados de balcones. En algunas ciudades ya están tendidas las ristras de luces. La presión de la lotería aumenta por momentos. Los círculos del remolino que acaba en el desagüe reducen diámetro y aumentan la velocidad. Sin que nada pueda evitarlo ya estamos en Navidad, aunque el calendario deba cumplirse casilla a casilla. El calendario se organiza por galaxias con su propio campo gravitatorio, y metidos en la galaxia navideña a partir de ahora todo se acelera. De los primeros que compran el árbol, la lotería, el turrón, los regalos, o empiezan ya a escribir las postales, me intriga esto: ¿son navidófilos o navidófobos?, ¿quieren que todo llegue en seguida o que acabe cuanto antes de una vez?, ¿acaso temen que la noria se pare si no hacen nada por empujar el ciclo? ¿O piensan que al acelerarlo hay esperanza de salir por la tangente?