JUAN JOSÉ MILLÁS
No es noticia que los coches maten a sus usuarios, pero sí que acaben con sus fabricantes. Es lo que ocurre en una planta de Renault en Francia, donde en los últimos cuatro meses se han quitado la vida tres empleados. El último fue un técnico que iba a ser ascendido a directivo, perspectiva que al parecer le espantaba. Se da así la circunstancia de que la marca que fabrica los automóviles más seguros del mercado obliga a trabajar a su gente en un clima de incertidumbre insoportable. La primera de las víctimas se quitó la vida en el centro laboral; la segunda, en sus inmediaciones; la tercera, en su casa, pero dejó una carta en la que relataba sus dificultades profesionales. Parece que antes de estas tres muertes ya se habían producido un par de intentos de suicidio que no saltaron a la prensa.
El consejero delegado de la empresa, tras lamentar las defunciones y pronunciar el bla bla bla habitual acerca de la importancia del factor humano en la gestión industrial (el recurso más importante del que disponemos es el formado por los hombres y mujeres, bla, bla, bla) añadió que el centro de Renault en el que se han producido las muertes no puede sin embargo renunciar a su plan estratégico, que pasa por generar seis vehículos nuevos al año, frente a los tres o cuatro que creaba hasta el momento, sin aumentar la plantilla o los medios para llevar a cabo ese reto. Conviene decir al consejero delegado, señor Ghosn, que la plantilla no sólo no crecerá, sino que disminuirá. Ya ha disminuido espontáneamente en tres trabajadores sometidos a presión. Si aumentan un poco esa presión, les saldría una regulación de empleo completamente gratis.
Están estudiadas las consecuencias de comer carne de pollo estresado. Un animal que llevó una perra vida y que fue ejecutado sin vendarle los ojos, puede trasladar todo ese mal rollo al consumidor. No sabemos de qué modo influye en el conductor ponerse al volante de un coche fabricado por alguien al que su empresa ha colocado al borde del suicidio. Pero no sería raro que el motor se contagiara de las malas vibraciones del operario abatido por la depresión. Quizá eso explique parte de los accidentes. Que se estudie.