PEDRO DE SILVA
A Zapatero le sobra ambición, incluso de hacer historia, y a Rajoy le falta una remesa de ella. Ya sé que es un diagnóstico arriesgado. Aunque Zapatero puede pegarse un batacazo monumental, del que ya no se reponga jamás, también puede subir a los altares, porque arriesga, como todo el que aspira a santo. Rajoy, en cambio, aspira a llegar lentamente al cargo, como si fueran unas oposiciones, y en política esa actitud le puede dejar a uno en la oposición. A Rajoy le aburren la brutalidad de la cancha política, los mensajes vulgares a los que hay que recurrir y cualquier concesión al populismo. Tanto le aburren que se deja caer en la indolencia, y entonces Génova y los medios le espolean desde atrás para que arree. Rajoy reacciona a la espuela, pero brutalmente y sin tino: no es diestro en bofetadas y no sabe medir. Es imposible que dos personas tan distintas lleguen a entenderse.